Un informe de BBVA, que recoge estimaciones de Boston Consulting Group y Google, revela que la inteligencia artificial podría ayudar a reducir entre un 5% y un 10% las emisiones globales de gases de efecto invernadero antes de 2030. El hallazgo sitúa a la IA como una pieza clave frente al cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación.
La oportunidad no consiste en que una máquina “salve” al planeta por sí sola. Su mecanismo es más concreto: anticipar riesgos, ordenar datos que hoy están dispersos y ayudar a tomar decisiones con menos desperdicio de energía, agua, alimentos y tiempo.

El transporte concentra cerca de una quinta parte de las emisiones mundiales de dióxido de carbono. Allí, Google aplica Green Light en 20 ciudades para sincronizar semáforos mediante IA, con reducciones de hasta un 30% en las paradas de vehículos y de un 10% en las emisiones asociadas.
Un tablero que ajusta cada engranaje
La analogía más simple es la de una casa con luces encendidas en habitaciones vacías, una canilla que gotea y una calefacción que funciona con las ventanas abiertas. La IA actúa como un tablero central que detecta el derroche y mueve pequeños interruptores antes de que el gasto crezca.
En una ciudad, esos interruptores son los semáforos, las farolas y los flujos de tráfico. Green Light observa cómo circulan los vehículos y adapta los tiempos de cada cruce. Así, en vez de obligar a miles de coches a frenar y volver a arrancar, intenta que la circulación avance con menos interrupciones.

En Alicante, el Centro de Inteligencia Digital prueba ese mismo principio en el alumbrado público. El sistema piloto ajusta la luz según el tráfico y las condiciones climáticas, con una previsión de ahorro energético de entre el 20% y el 25%.
La agricultura ofrece otro ejemplo de ese cableado invisible. Este sector representa alrededor del 70% de las extracciones mundiales de agua dulce, de modo que decidir cuándo y cuánto regar puede cambiar el consumo de una región entera.
La empresa argentina Kilimo usa modelos de riego inteligente, sistemas que calculan la necesidad de agua de un cultivo, y ya evitó el uso de más de ocho millones de metros cúbicos en siete países. El volumen equivale al consumo anual de 438.000 personas.
También hay una clave en la cocina. Winnow utiliza visión artificial, tecnología que reconoce imágenes, para identificar qué comida se desecha y en qué cantidad. Su herramienta funciona en cocinas y restaurantes de 94 países, donde permite salvar unas 70 millones de raciones al año.
Ese ajuste tiene una consecuencia medible: evita unas 122.000 toneladas de emisiones de CO₂ equivalente y genera un ahorro cercano a los 100 millones de dólares. No se trata solo de mirar un cubo de basura con más precisión, sino de detectar qué compra, preparación o porción debe corregirse.
La huella que la IA también debe reducir
Sin embargo, el informe advierte un límite importante. Los centros de datos, instalaciones que almacenan y procesan información, consumen energía y tienen su propia huella ambiental. La eficiencia de esa infraestructura se vuelve tan urgente como las aplicaciones que promete impulsar.
La herramienta también puede mejorar servicios orientados a las personas. Quirónsalud emplea IA generativa, sistemas capaces de crear texto a partir de instrucciones, para transcribir consultas médicas y liberar tareas administrativas. Por su parte, la lupa inteligente LUP convierte texto en voz para facilitar la lectura a personas con dislexia o discapacidad visual.
El lado verde de la IA no está en una pantalla que decide por todos. Está en una red de pequeños ajustes: una luz que se regula, un riego que espera, un semáforo que coordina y una cocina que aprende a tirar menos.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.








