El Global Data Centre Outlook de PwC revela que la inversión mundial en infraestructura para IA podría alcanzar 31,6 billones de dólares, unos 27,2 billones de euros, acumulados hasta 2050. El hallazgo muestra que los centros de datos se convertirán en una pieza clave de la economía digital.

Estados Unidos concentraría el 48% de ese capital, con 15,1 billones de dólares, gracias a su posición central en los chips avanzados. Asia-Pacífico, impulsada sobre todo por China e India, sumaría otros 8,2 billones, mientras Europa y Oriente Medio aceleran sus planes de soberanía digital.

La cifra no describe solo una carrera tecnológica. También expone una pregunta doméstica: quién puede mantener encendida la casa digital del futuro sin sobrecargar la red eléctrica ni comprometer los recursos de su comunidad.

La IA como una casa que nunca deja de ampliar sus habitaciones

En 2026, el gasto anual de capital en centros de datos rondaría los 800.000 millones de dólares. Para 2050, la previsión base lo eleva a 1,8 billones. La clave está en renovar equipos de TIC (tecnologías de información y comunicación), que pasarían del 70% de la inversión actual al 93%.

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Es decir, no alcanza con levantar el edificio. Hay que cambiar el cableado, reforzar los sistemas de seguridad y sustituir los engranajes que quedan viejos mientras la demanda de IA crece.

PwC identifica cinco interruptores que decidirán dónde se instala esa infraestructura: energía, conectividad, seguridad, certeza de las políticas, consenso de la comunidad y acceso a GPU. Entre todos, la electricidad asequible, fiable, baja en emisiones y disponible a gran escala aparece como el desafío más difícil.

El costo de mantener la máquina encendida

La expansión también abre una oportunidad y un conflicto. Los nuevos centros de datos generan preocupación por su consumo energético, el uso de agua y su impacto ambiental. En España, el Gobierno prevé elevar las exigencias de soberanía digital y sostenibilidad para elegir los proyectos más adecuados.

En Estados Unidos, la polémica social, económica y política ya es intensa y podría pesar en las elecciones legislativas del 3 de noviembre. La infraestructura que permite conversar con una IA empieza a ser también un asunto de barrio, tarifas eléctricas y planificación pública.

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El informe contempla un escenario de controles de exportación más duros. Allí, las cadenas de suministro de chips sufrirían perturbaciones y la inversión anual prevista para 2030 caería aproximadamente a la mitad. Aunque luego habría recuperación, el total acumulado hasta 2050 sería de 25,5 billones de dólares: cerca de seis billones menos que la previsión central.

En cambio, una mayor soberanía digital cambiaría sobre todo el mapa de la inversión. Los países con fuerte demanda interna y pocos centros de datos podrían recibir más proyectos, porque gobiernos y sectores regulados priorizarían guardar sus datos más cerca.

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