Presumir de mantener la pureza extrema en tu código fuente es, hoy en día, un deporte de altísimo riesgo. Y eso es exactamente lo que intenta The Document Foundation (TDF) con LibreOffice, alzando la bandera de ser la gran suite ofimática totalmente libre de algoritmos. Sin embargo, la realidad ha llamado a su puerta tras pillarles con trazas de código generado por Claude y GitHub Copilot en sus repositorios oficiales. La ironía se cuenta sola.
Y es que hace escasos meses, los responsables del proyecto se mostraban tajantes y un tanto orgullosos. Afirmaban con rotundidad que su núcleo estaba limpio de modelos de lenguaje y que ninguna máquina dictaba su futuro.
De hecho, la ausencia total de esta tecnología se convirtió en su principal arma de marketing. Llegaron a presumir publicando que «no tener IA es ahora una característica» estrella, un movimiento orquestado para coincidir con el lanzamiento de la esperada versión LibreOffice 26.8.
Pero claro, en el inmenso y transparente mar del código abierto, nada pasa desapercibido por mucho tiempo. El usuario argv[-1] detectó recientemente en el Fediverso tres commits de este mismo 2026 donde los propios autores dejaban por escrito que habían tirado de asistentes virtuales para programar.
Una auténtica locura comunitaria.
Las huellas de Claude y Copilot en el código libre
Si miramos los números y los registros exactos, la integración no es un fallo catastrófico que rompa el programa, pero sí es tremendamente revelador sobre cómo se trabaja hoy en día.
En concreto, dos de esos envíos de código ocurrieron en abril bajo la supervisión y ayuda de Claude. Llevaban títulos tan específicos como «Inheritance when setting paragraph style font size to 100% or +0pt» y «Enable relative font sizes in Calc cell styles».

Básicamente, eran parches vitales para arreglar fallos molestos en la herencia de tamaños de letra de los párrafos y para habilitar el uso de fuentes relativas en las celdas de cálculo.
A ello se le suma un tercer commit descubierto en septiembre, titulado «Add Copy Image button to screenshot dialog». Aquí el desarrollador admitió sin tapujos haber usado GitHub Copilot dentro del editor VS Code para generar de cero la estructura de la clase `BitmapTransferable`.
Es cierto que el método `copyButtonHandler`, que es el motor real que hace funcionar ese botón, lo tecleó a mano con la simple ayuda del autocompletado de toda la vida. Pero la semilla del código sintético ya estaba plantada en el repositorio.
La defensa: «Ni basura algorítmica ni IA en el producto final»
Como era de esperar, las críticas más afiladas no tardaron en inundar los foros. Desarrolladores como el argentino Federico Schonborn señalaron el evidente doble rasero de la fundación: prometer al mundo un software virgen de IA mientras se acepta código dictado a una máquina por la puerta de atrás.
Incluso el usuario Skjeggtroll apuntó a una paradoja que roza lo absurdo. TDF prohíbe usar LLMs (Grandes Modelos de Lenguaje) para redactar los simples mensajes de texto de los commits, pero tolera que escriban el código real que ejecutará tu ordenador.
La respuesta institucional de TDF en Mastodon fue inmediata, tajante y a la defensiva.
El motivo es simple: se escudan en que los desarrolladores del núcleo principal tienen prohibido el uso diario de LLMs, y garantizan que el usuario final de LibreOffice recibe un producto 100% libre de IA integrada. Tú abres tu documento de Writer o tu hoja de Calc, y el programa ni te espía, ni analiza tus datos, ni te autocompleta textos con redes neuronales.
La letra pequeña de sus reglas internas establece que solo los colaboradores externos pueden aportar código asistido, y solo si lo declaran formalmente antes de enviarlo.
Además, aplican una política tan paranoica y estricta que recuerda a la empleada por el proyecto Debian. Todo fragmento sospechoso se somete a una revisión humana extrema para verificar que el código no es basura y que el autor realmente comprende cada línea que ha mandado. Para los estudiantes de sus programas educativos, el veto es absoluto.
El divorcio con Collabora y el brutal veredicto del mercado
Por si fuera poco, toda esta guerra interna se entiende muchísimo mejor si echamos un vistazo a su principal competencia y antiguo aliado.
Hablamos de Collabora, la empresa que desarrolla la suite web CODE basándose en las mismísimas raíces técnicas de LibreOffice. En junio, lanzaron su versión 26.04 sacando pecho precisamente de todo lo contrario: una integración profunda de inteligencia artificial como gran reclamo de ventas.
Es decir, comparten el mismo ADN técnico, pero mantienen posturas irreconciliables. Para Collabora la IA es una mina de oro, y para TDF es el gran enemigo a evitar para diferenciarse.
Y de momento, el público parece premiar la filosofía conservadora de TDF.
Hace nada, anunciaron unas cifras que marean a cualquiera: 9,4 millones de descargas de LibreOffice en solo ocho semanas. Y eso sin sumar las actualizaciones silenciosas de Windows ni las versiones antiguas que miles de empresas siguen instalando a diario.
Con estos datos en la mano, Italo Vignoli, portavoz de TDF, se ha plantado firme asegurando que no han engañado a nadie. Sus promesas de marketing, dice, hablaban de las funciones del software final que usas en tu casa, no de las herramientas empleadas en la cocina durante su desarrollo.
Al final del día, resulta casi utópico encontrar hoy un proyecto de código abierto masivo que sea completamente inmune a los encantos de los asistentes de programación. El código autogenerado ha llegado a las entrañas del software libre para quedarse, te guste o no. La pelota está ahora en el tejado de la comunidad: veremos si terminan tragando con este inevitable pragmatismo o si exigen cerrar la puerta definitivamente para salvar su imagen rebelde.

Me dedico al SEO y la monetización con proyectos propios desde 2019. Un friki de las nuevas tecnologías desde que tengo uso de razón.
Estoy loco por la Inteligencia Artificial y la automatización.







