Science Corporation, la empresa fundada por Max Hodak, ex presidente y cofundador de Neuralink, prepara sus primeros ensayos en humanos en Estados Unidos. El hallazgo clave no es solo el implante en sí, sino el mecanismo que propone: una interfaz cerebro-ordenador biohíbrida, es decir, un sistema que mezcla tejido vivo y electrónica.
Para esa etapa, la firma incorporó a Murat Günel, jefe de Neurocirugía en Yale, como asesor científico. Además, el primer paso será prudente: un sensor sin neuronas integradas, del tamaño de un guisante y con 520 electrodos, que se colocará sobre la superficie del cerebro, dentro del cráneo, sin penetrar el tejido.

Hodak sostiene que el enfoque tradicional, basado en electrodos metálicos insertados, puede dañar el cerebro y degradarse con el tiempo. En cambio, Science apuesta por un “cableado” más amable: neuronas cultivadas en laboratorio que actúan como intermediarias entre la central biológica del cerebro y los componentes electrónicos.
La analogía doméstica ayuda a entenderlo. No se trata de clavar un tornillo en una pared frágil, sino de colocar un adaptador entre dos enchufes incompatibles. Uno habla el lenguaje eléctrico de la máquina. El otro, el lenguaje vivo del cerebro. La oportunidad de este sistema está en que ese adaptador podría reducir fricción, daño y pérdida de señal.
Además, el dispositivo biohíbrido usa pulsos de luz para estimular esas neuronas cultivadas. La estimulación óptica (activación con luz) funciona como un interruptor muy fino: en vez de forzar una puerta, enciende la habitación adecuada en el momento justo. Ese engranaje es el que la empresa cree que puede volver más estable la conexión.
Del laboratorio al quirófano
La compañía fue fundada en 2021 y cerró una Serie C de 230 millones de dólares que la valoró en 1.500 millones. Su producto más avanzado es PRIMA, un dispositivo para restaurar visión en personas con degeneración macular y otras causas de ceguera, adquirido en 2024 y ya encaminado a una posible disponibilidad más amplia en Europa este mismo año.

Sin embargo, el cerebro es otra escala de complejidad. Según un estudio preliminar presentado en 2024, el sistema biohíbrido pudo implantarse de forma segura en ratones y estimular actividad cerebral. Ahora, el equipo liderado por Alan Mardinly, con unos 30 investigadores, trabaja en prototipos y en el cultivo de neuronas aptas para uso médico.
Günel, por su parte, subraya la cautela. Sería optimista esperar ensayos clínicos en humanos en 2027. Los primeros pacientes candidatos serán personas que ya necesiten cirugías cerebrales importantes, como víctimas de ictus con descompresión craneal.
Qué podría cambiar para los pacientes
El objetivo inicial será medir actividad cerebral y comprobar seguridad. Pero la aplicación práctica va más allá: el sensor podría monitorizar tumores, anticipar crisis epilépticas o aplicar una estimulación eléctrica suave para favorecer la recuperación de células dañadas en cerebro o médula espinal.
A largo plazo, la ambición es mayor. En enfermedades como el Parkinson, donde la estimulación cerebral profunda o incluso los trasplantes celulares experimentales no han logrado frenar de forma fiable la progresión, el enfoque biohíbrido busca combinar reparación biológica y control electrónico en una sola pieza.
El mercado real de estas interfaces sigue siendo incierto, como muestra el debate abierto por otras apuestas del sector. Hay barreras regulatorias, pocos pacientes candidatos y una pregunta de fondo: si esta tecnología será una herramienta médica de nicho o un nuevo capítulo de la relación entre cuerpo y máquina.
Por ahora, el avance de Science no promete superhumanos. Promete algo más cercano y más urgente: un sensor que escuche al cerebro sin lastimarlo. Y, a veces, esa es la verdadera llave que mueve todo el sistema.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.








