Hay un nuevo jugador en el tablero de la inteligencia artificial y acaba de reventar la banca antes siquiera de lanzar un producto al mercado. Se trata de Ineffable Intelligence, un jovencísimo laboratorio británico fundado por el investigador David Silver. Acaban de cerrar una locura de ronda de inversión apoyada por gigantes de la talla de Google y Nvidia.
En concreto, la compañía se ha embolsado 1.100 millones de dólares en financiación a una valoración de 5.100 millones de dólares. Es decir, con apenas unos meses de vida ya tiene el envidiable estatus de «pentacornio«. Te haces una idea del nivel de expectación que hay en el sector. Y todo esto para construir una inteligencia que no necesita a los humanos para aprender. Ni más ni menos.
Un «superaprendiz» que pasa olímpicamente de nosotros
Y es que la promesa técnica de esta start-up suena a ciencia ficción pura, pero viene avalada por uno de los mayores genios actuales del software. El objetivo de Ineffable es crear un sistema capaz de adquirir habilidades complejas sin tragarse terabytes de textos de internet. Básicamente, quieren eliminar de un plumazo el cuello de botella de los datos.

Para lograrlo, van a apostar todo al aprendizaje por refuerzo. Se trata de una rama algorítmica donde la máquina aprende a base de puro ensayo y error, experimentando con su entorno. Y aquí es donde la figura de su fundador cobra todo el sentido del mundo. Durante más de una década, David Silver dirigía el equipo de aprendizaje por refuerzo dentro de DeepMind. Es el cerebro detrás de hitos históricos.
Evidentemente, si sigues un poco la actualidad tecnológica, te sonará su mayor éxito: AlphaZero. Ese sistema humilló a los mejores motores informáticos de ajedrez y Go del planeta jugando millones de partidas contra sí mismo. Aprendió de cero. Ineffable quiere llevar esa misma magia algorítmica a todo el conocimiento universal.
Tal es la desmedida ambición del proyecto, que la empresa considera que este salto podría ser comparable a la teoría de la evolución de Darwin. Una auténtica locura. Además, Silver declaró a Wired que donará cualquier beneficio personal que obtenga de la compañía a organizaciones benéficas. Un movimiento insólito en un sector actualmente obsesionado con el hardware y los ingresos rápidos.
Lluvia de millones a ciegas en la «mafia de DeepMind»
Pero claro, la letra pequeña es que nadie tiene ni idea de cómo demonios va a ganar dinero esta empresa a corto plazo. No hay un modelo de suscripción a la vista ni una API comercial para desarrolladores. Sin embargo, a los grandes fondos de capital riesgo como Sequoia Capital, Lightspeed o Index Ventures parece darles exactamente igual.
A ello se le suma el enorme músculo institucional británico. Además del cheque firmado por las grandes tecnológicas, entidades públicas locales han entrado al trapo. Instituciones como el British Business Bank y Sovereign AI han participado de lleno en esta megaronda inicial. Nadie quiere perder este tren de alta velocidad.

En los círculos financieros ya le han puesto nombre a esta salvaje burbuja de financiación para cerebros estrella. A estas masivas inyecciones de capital en fase semilla se las conoce popularmente como rondas «coconut». Es una tendencia imparable. Se paga por el talento bruto, no por balances contables sólidos.
Si miramos los números recientes, vemos casos paralelos casi calcados. Otra start-up similar llamada Recursive Superintelligence supuestamente recaudó 500 millones de dólares hace muy poco, y podría llegar a los mil. O AMI Labs, levantando más de 1.030 millones con una valoración estratosférica. Así de agresivo está el juego ahora mismo.
Londres se consagra como el contrapeso a Silicon Valley
Por si fuera poco, esta inmensa ronda consolida a la capital británica como el verdadero corazón de la IA en Europa. Gran parte de la culpa la tiene la retención de ingenieros brillantes. Desde que Google compró DeepMind en 2014, se ha forjado un ecosistema tecnológico imbatible a orillas del Támesis.
De hecho, este polo de atracción es tan intenso que los titanes de Estados Unidos buscan instalarse allí. El proyecto secreto de inteligencia artificial de Jeff Bezos, bautizado como Project Prometheus, al parecer está en conversaciones para buscar oficinas por la zona. Necesitan estar físicamente pegados a este talento.
Concretamente, se rumorea que merodean alrededor del gigantesco centro de IA de Google en la ciudad. Hay una red de contactos inmensa y una cantera inagotable. Muchos damos por sentado que la futura directiva de Ineffable se nutrirá directamente de la red de antiguos empleados de DeepMind. Todo se retroalimenta.
Tocará esperar para ver si este famoso «superaprendiz» cumple las altísimas expectativas o si nos topamos ante otro gigantesco pozo sin fondo financiero. Lo que sí nos deja claro esta noticia es que el viejo paradigma de entrenar modelos solo con datos humanos parece tener fecha de caducidad. La IA que investiga, razona y descubre por sí sola es el próximo gran premio gordo de la industria. Y la pelota ya está en el tejado de David Silver.

Me dedico al SEO y la monetización con proyectos propios desde 2019. Un friki de las nuevas tecnologías desde que tengo uso de razón.
Estoy loco por la Inteligencia Artificial y la automatización.








