¿Qué pasa cuando una respuesta suena tan firme que deja de darte ganas de dudar? Esa escena, cada vez más común en casas, aulas y celulares, es la pieza clave de una preocupación nueva: no que la inteligencia artificial falle, sino que nos acostumbre a aceptar sus fallos como si fueran certezas.
El hallazgo aparece en una prepublicación difundida en OSF y pone el foco en niños y adolescentes. La investigación, con 3.100 personas divididas entre un grupo con acceso a IA y otro sin ella, revela un mecanismo inquietante: usar chatbots no solo cambia la respuesta, también mueve el interruptor de la duda.

El contexto ayuda a entender por qué importa. Según un informe elaborado por red.es, en 2024 el 42,1% de los adultos españoles ya había usado alguna vez un chatbot de IA, sobre todo para redactar y traducir textos. Y ese cableado digital también alcanza a los menores, justo cuando todavía están construyendo su pensamiento crítico.
Valerio Capraro, uno de los investigadores, advierte que el riesgo es mayor en los niños porque los adultos ya formaron una base previa para cuestionar lo que leen. En los más jóvenes, ese engranaje todavía se está armando.
También te puede interesar:El CEO de Klarna usa un avatar de IA para presentar resultados financierosLa prueba fue simple y muy reveladora. Los participantes debían responder preguntas sobre detalles visuales de películas, datos que no están disponibles en Internet. Es decir, se colocó a la IA frente a una puerta sin llave: necesitaba información que no estaba en su archivo.
Ahí aparece la analogía más clara. Un chatbot puede funcionar como un interruptor de luz elegante, pero no como una ventana abierta a toda la realidad. Si en la instalación no hay corriente, la lámpara igual puede parpadear. Parece que ilumina, aunque en verdad apenas imita el brillo.
Eso explica por qué el lenguaje convincente puede engañar. El sistema produce frases plausibles, ordenadas y seguras, incluso cuando no tiene una base fiable. En otro trabajo sobre fallas de conocimiento, llamado “epistemia” (plausibilidad que reemplaza al análisis crítico), los autores describen justamente esa falsa sensación de saber.
Cuando la seguridad sube y el acierto baja
Los datos son duros. Entre quienes no tenían IA, el 44% admitió no saber la respuesta. En cambio, entre quienes sí usaron inteligencia artificial, solo el 3% reconoció esa incertidumbre.
También te puede interesar:El CEO de Klarna usa un avatar de IA para presentar resultados financierosSin embargo, la precisión cayó. El grupo sin IA acertó un 27%, mientras que el grupo con IA apenas llegó al 9%. La confianza de quienes usaron el sistema alcanzó el 76%.

En otras palabras, la máquina no solo aporta respuestas: puede alterar el mecanismo interno con el que una persona mide su propia ignorancia. Y ese detalle, que en un adulto ya es delicado, en un niño puede convertirse en una pieza central de su manera de aprender.
Además, el problema ya se ve fuera de la escuela. Un 18% de los españoles acudió al médico después de recibir recomendaciones de una IA. Cuando una herramienta de consulta empieza a ocupar el lugar de un criterio profesional o personal, la oportunidad ya no está solo en usarla, sino en saber frenarla.
Una herramienta permanente, no un piloto automático
La inteligencia artificial no va a desaparecer. Por eso, el debate real no es si debe entrar en la vida cotidiana, sino con qué reglas. La UNESCO viene recomendando un uso guiado por derechos humanos, inclusión y respeto al entorno, una señal de que el problema no es técnico solamente, sino también educativo.

En la práctica, eso implica enseñar algo muy concreto: preguntar de dónde sale una respuesta, qué pruebas la sostienen y cuándo conviene decir “no lo sé”. Parece una acción menor, pero es el resorte que protege al pensamiento crítico.
Porque si la IA será parte estable de la casa digital, la clave no es apagarla. La clave es evitar que tome el control del tablero eléctrico de la duda.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.










