¿Cuánta electricidad hace falta para que una inteligencia artificial te responda en segundos? La pregunta suena lejana, pero empieza a tocar una pieza muy cotidiana: la red que enciende las luces, carga el celular y sostiene el aire acondicionado de una ciudad.
Según informó The Wall Street Journal, OpenAI planea gastar 750.000 millones de dólares en infraestructura hasta 2030. El salto es fuerte: representa cerca de un 25% más que sus propias estimaciones previas y llega en un momento en que el proyecto Stargate enfrenta dificultades para avanzar.
La primera gran pieza de ese engranaje ya tiene nombre: Project Camellia. Según el Effingham Herald, será un campus de centros de datos de 20.000 millones de dólares en Georgia, sobre unas 1.400 acres al noroeste de Savannah, con una demanda mínima de 3,2 gigavatios de energía. Eso no es un detalle técnico. Es la clave de toda la jugada.

Un centro de datos, dicho sin jerga, funciona como una central de cerebros y enchufes. Las GPU (chips especializados para cálculo intensivo) son el motor, pero el cableado real que las mantiene vivas es la electricidad. Sin esa corriente, la IA más ambiciosa queda reducida a una carcasa muy cara.
También te puede interesar:OpenAI Lanza el Modo Visión en Tiempo Real y Compartir Pantalla en EuropaLa analogía doméstica ayuda: montar esta infraestructura se parece menos a comprar una computadora y más a construir un edificio entero con su propia sala de máquinas. No alcanza con poner más aparatos. Hay que reforzar cañerías, interruptores, tableros y la entrada principal de energía para que la casa no salte por el aire cuando todos encienden todo al mismo tiempo.
En este caso, Georgia Power deberá entregar esa capacidad entre 2028 y 2032. Y OpenAI asumirá tanto el costo de la infraestructura como el del servicio eléctrico, mientras se compromete a reducir hasta 1 gigavatio su consumo durante picos de demanda, una especie de freno de emergencia para no tensar de más la red.
La pieza energética detrás del boom de la IA
Además, la Comisión de Servicio Público de Georgia aprobó una norma para evitar que las eléctricas trasladen a otros usuarios los costos de nuevos consumidores gigantes, definidos como los que superan los 100 megavatios. Es un mecanismo importante porque busca aislar el impacto de estas megaobras sobre las facturas del resto.
Project Camellia también recibió un beneficio fiscal relevante: una exención del 50% en impuestos sobre la propiedad durante 15 años por parte del condado de Effingham. Es una oportunidad local para atraer inversión, aunque también revela cuánto están dispuestas a ofrecer algunas regiones para capturar la nueva fiebre de la IA.
También te puede interesar:OpenAI Lanza el Modo Visión en Tiempo Real y Compartir Pantalla en EuropaAhora bien, la pieza más sensible sigue abierta: no se detalló cómo se generará la energía que alimentará el campus. En documentos regulatorios, Georgia Power informó a la PSC que sumará 9.885 megavatios de nueva capacidad, y el acuerdo con OpenAI absorbería aproximadamente un tercio de ese total.
La mayor parte de esa expansión vendría del gas natural. Una porción menor llegaría desde baterías a escala de red y energía solar. El punto delicado es que parte de ese gas provendría de turbinas de ciclo simple, equipos más contaminantes, y la nueva capacidad fósil duplicaría con creces la actual flota de gas de la compañía.
Velocidad, costos y una advertencia ambiental
Todavía no se sabe cuándo encenderán sus primeras GPU en Georgia. Pero la contratación de Brett Mayo, que antes supervisó la construcción del centro Colossus de xAI en Memphis, sugiere que OpenAI quiere acelerar el calendario incluso antes de 2028.
Esa velocidad también trae una advertencia. El caso de xAI quedó bajo cuestionamiento por denuncias sobre turbinas de gas operadas sin permisos, con preocupación por la calidad del aire local. El hallazgo de fondo es simple: la carrera por una IA más potente no solo se juega en algoritmos, también en chimeneas, cables y reglas públicas.
Lo que está en marcha no es solo una inversión récord. Es un cambio de escala. Y revela que el futuro de la inteligencia artificial se decide tanto en los laboratorios como en el tablero eléctrico que, todos los días, sostiene la vida común.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.











