La startup Joi AI, dedicada a experiencias virtuales con contenido erótico, lanzó diez vacantes para probar audios sexuales generados por IA. El hallazgo llama la atención no solo por el cargo, “consultores de masturbación”, sino por la remuneración: hasta 2.000 dólares al mes durante cuatro semanas.
La convocatoria apareció mientras crece la preocupación por la destrucción de puestos tradicionales. Un estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) sugiere que esos temores tienen fundamento, y compañías como Meta ya hicieron despidos vinculados al avance de la inteligencia artificial.

Pero, al mismo tiempo, el engranaje se mueve hacia otro lado. Donde una tarea desaparece, aparece otra ligada a ajustar, corregir o entrenar sistemas. Eso es justamente lo que revela este caso: la IA no solo reemplaza piezas, también crea trabajos extraños, nuevos y muy específicos.
En este puesto, el mecanismo es menos misterioso de lo que parece. La empresa necesita personas que interactúen con su sistema, prueben sesiones de audio guiadas y redacten informes semanales sobre la experiencia.
Con la IA ocurre que. El modelo genera contenido, pero el resultado final depende de una evaluación humana. Ese proceso, conocido como testing (prueba de funcionamiento), sirve para detectar errores, medir calidad y afinar la respuesta del sistema.
Un trabajo atípico para ajustar una máquina emocional
Joi AI no pide experiencia previa ni un perfil técnico. Solo exige que los candidatos sean mayores de edad y exploren a fondo las herramientas de la plataforma. La meta no es solo mejorar el rendimiento del modelo, sino entender cómo ese tipo de interacción afecta la vida personal de los usuarios.
Ahí aparece otra clave del fenómeno. Estas empresas no están probando únicamente software. También analizan hábitos, comodidad, frecuencia de uso y el tipo de vínculo que una persona construye con una compañía virtual.
La respuesta del público fue contundente. Antes de cerrar el proceso, la startup recibió más de 100.000 postulaciones para apenas diez vacantes. La selección, según indicó la compañía, comenzará en la misma semana del cierre.
Además, la firma promocionó la búsqueda en redes sociales y la comparó con empleos habituales en laboratorios de IA como Anthropic. La diferencia es que aquí el laboratorio no parece una sala blanca con servidores, sino un espacio íntimo donde se pone a prueba una nueva frontera tecnológica.
Ese detalle explica parte del interés. En un mercado laboral sacudido por automatización, despidos y reconversión, cualquier oportunidad nueva funciona como un interruptor: enciende la idea de que todavía hay lugar para tareas humanas, incluso en los rincones más inesperados.

El auge de la inteligencia artificial aplicada a la compañía virtual y al contenido sexual muestra que el sector tecnológico ya no se limita a chatbots de oficina o asistentes de productividad. También avanza sobre terrenos emocionales, privados y domésticos. Y ahí está la oportunidad, tan incómoda como reveladora: mientras algunas máquinas aprenden a hablar, seducir o acompañar, siguen necesitando a una persona del otro lado para decirles si el sistema realmente funciona.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.







