¿Qué ocurre cuando una señal que parece clara, como sangre en la orina, también puede responder a un cálculo renal o a un problema de próstata? Para el paciente, esa duda puede sentirse como una luz de alarma que se enciende sin indicar todavía dónde está la falla.

Investigadores de la Universidad de Plymouth desarrollaron PRECISE-AGZ, una herramienta de inteligencia artificial que revisa historiales médicos para encontrar patrones asociados al cáncer de vejiga. El hallazgo revela que algunas de esas pistas pueden estar presentes hasta cinco años antes del diagnóstico clínico.

Sin embargo, su mecanismo es más eficaz durante los 12 meses previos al diagnóstico. La oportunidad no consiste en declarar una enfermedad con años de anticipación, sino en ayudar a los médicos a reconocer qué pacientes necesitan una revisión más rápida.

La pieza clave es que la herramienta no busca un único síntoma aislado. Examina cómo se conectan las consultas, los hábitos, enfermedades previas, tratamientos y señales físicas dentro de la historia clínica de cada persona.

Un tablero eléctrico para leer el riesgo

PRECISE-AGZ funciona como el tablero eléctrico de una casa. Una bombita que parpadea no siempre anuncia un problema grave: quizá solo está floja. Pero si se suma un fusible que salta, un cable caliente y una zona sin energía, el conjunto ofrece una advertencia mucho más útil.

La IA no trata la sangre en la orina como una sentencia, sino como un interruptor que cobra significado según el resto del cableado clínico. Así, el sistema puede interpretar esa señal de forma distinta según el tabaquismo, el ejercicio, los medicamentos usados, otras patologías y la frecuencia de las consultas.

Para construir ese mapa, el equipo analizó datos de casi 70.000 pacientes recogidos entre 1995 y 2020. El modelo predictivo, un programa que calcula probabilidades a partir de datos, evaluó primero 48.261 indicadores posibles y luego redujo la lista a 38 factores con mayor valor para detectar el riesgo.

En las pruebas, el sistema identificó correctamente al 85% de las personas con cáncer de vejiga. Otra de sus mediciones alcanzó una clasificación correcta del 91% entre quienes padecían la enfermedad, una cifra que muestra el potencial del engranaje, aunque no reemplaza una evaluación médica.

Además, la herramienta detectó asociaciones inesperadas con enfermedades como Parkinson o demencia, y con fármacos como el tamoxifeno. Los investigadores advierten que estas relaciones no prueban que esas enfermedades protejan frente al cáncer ni que ese medicamento lo provoque.

Menos pruebas innecesarias, más atención a tiempo

Hoy, el diagnóstico definitivo suele requerir una cistoscopia (una cámara pequeña que entra hasta la vejiga). Es una prueba invasiva y necesaria en muchos casos, pero una mejor selección de pacientes podría evitar procedimientos innecesarios. PRECISE-AGZ ordena los casos en tres grupos: riesgo bajo, intermedio y alto. Esa clasificación podría funcionar como una central de prioridades: señalar quién requiere una prueba urgente y quién puede permanecer bajo vigilancia médica.

Por ahora, el sistema no está listo para su uso generalizado. Todos los historiales empleados procedían de una base de datos de Gales, por lo que deberá validarse en otras regiones y sistemas sanitarios antes de llegar a la práctica cotidiana. El avance no promete una respuesta mágica cinco años antes. Pero muestra que, dentro de un historial médico aparentemente disperso, puede haber un cableado de señales que permita encender la atención médica en el momento adecuado.

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