Cuando una consulta a la inteligencia artificial responde en segundos, parece que todo ocurre en una nube sin peso. Pero detrás de esa comodidad hay cañerías, cables, tierra y agua reales. Y esa es la pieza clave que la ONU quiere poner a la vista.
El secretario general de la ONU, António Guterres, lanzó una advertencia directa a las grandes tecnológicas: deben revelar el costo ambiental de la IA y asumirlo. Su hallazgo central no apunta al software que el usuario ve, sino al engranaje oculto que lo sostiene: los grandes centros de datos.
Según explicó, esas instalaciones consumen cantidades desproporcionadas de electricidad, agua y suelo, con impactos que muchas veces recaen sobre comunidades vulnerables. Por eso propuso la “Iniciativa para la Transparencia Ambiental de la IA”, un mecanismo para medir y divulgar públicamente emisiones de carbono, consumo hídrico y uso de terreno.
También te puede interesar:La ONU promete una IA “segura”, pero la batalla oculta por el control global apenas comienzaGuterres advirtió que la IA debe ser transparente sobre sus costes actuales para que sus beneficios sean realmente positivos para la humanidad.
La analogía más simple es la de una casa. Cuando alguien aprieta un interruptor, la luz se enciende y parece magia. Sin embargo, detrás hay un cableado, una central y una factura. Con la IA pasa algo parecido: el chat visible es solo el foco; el verdadero gasto está en la instalación que lo alimenta.
Esos centros de datos funcionan como una sala de máquinas que nunca descansa. Necesitan energía para procesar tareas, refrigeración para evitar sobrecalentamientos y terreno para crecer. En otras palabras, no son una idea etérea, sino una infraestructura física con huella concreta.
Y ahí aparece el costo oculto.
También te puede interesar:La ONU promete una IA “segura”, pero la batalla oculta por el control global apenas comienzaLa Universidad de la ONU estima que, a comienzos de la próxima década, los centros de datos de IA podrían consumir unos 945 teravatios-hora, una unidad que mide electricidad a escala de países. Esa cifra equivale a cerca del 3% del consumo eléctrico mundial proyectado y representa aproximadamente el doble de la electricidad que usaría Francia en 2025.
Además, la huella hídrica, es decir, el agua necesaria para sostener y enfriar estos sistemas, podría igualar las necesidades básicas de agua potable de 1.300 millones de personas en África subsahariana. El uso de suelo tampoco es menor: las instalaciones ocuparían más de 14.500 kilómetros cuadrados, casi el doble del área metropolitana de Yakarta.
El interruptor que la ONU quiere activar
La propuesta de Guterres no busca frenar la IA, sino cambiar su mecanismo de alimentación. El secretario general reconoce que estos sistemas pueden mejorar la sanidad, optimizar la educación y ayudar frente al cambio climático. Pero subraya que ese potencial pierde fuerza si el motor sigue dependiendo de combustibles fósiles.
Por eso planteó que las compañías cubran toda la demanda energética de sus centros de datos con fuentes renovables antes de 2030. También pidió reglas más amplias para una transición rápida y justa hacia energías limpias, junto con adaptación, resiliencia y justicia climática.
El fondo del problema, señaló, es doble: una crisis climática por el aumento de temperaturas y una crisis energética por la dependencia global de hidrocarburos. El factor común es claro. El cableado central de ambas crisis sigue conectado a los combustibles fósiles.
Los números que mostró buscan reforzar esa oportunidad. Más del 90% de la nueva capacidad renovable ya resulta más barata que las alternativas fósiles más económicas. Solo en 2025, esas energías generaron ahorros estimados en 480.000 millones de dólares y evitaron emisiones superiores a las producidas en conjunto por Estados Unidos, la Unión Europea y Japón.
Para el usuario común, la aplicación práctica de este debate es menos abstracta de lo que parece. Si una comunidad no sabe cuánta agua consume un centro de datos cercano o qué energía lo alimenta, tampoco puede evaluar su impacto. La transparencia funciona, entonces, como un medidor en casa: permite ver qué aparato gasta más y qué ajuste conviene hacer.
La clave que deja la ONU es simple. La inteligencia artificial puede ser una oportunidad real, pero solo si el sistema revela su factura completa. Porque en el futuro digital que promete ayudar a todos, también importa de dónde sale la luz.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.











