El anuncio más reciente de Meta arranca con titulares alarmistas sobre la IA y luego cambia de tono. Pasa del blanco y negro al color, de la ansiedad a escenas de personas compartiendo, riendo y conectando. El mensaje es directo: la tecnología no vendría a romper vínculos, sino a ampliarlos.
Además, Mark Zuckerberg escribió que la empresa quiere dar herramientas para que más personas desarrollen su potencial y que “el futuro es para todos”. El hallazgo incómodo es otro: la banda sonora elegida fue “Five Years” de David Bowie, una canción cuya letra completa describe la noticia de una extinción masiva inminente.

Ahí aparece la pieza clave de esta historia. El anuncio usa un fragmento que repite “people”, una palabra que funciona como interruptor emocional. Aísla una sensación cálida, pero desconecta el cableado original de la obra, mucho más oscuro.
La contradicción se vuelve más evidente al leer la letra. Bowie no cantaba sobre una oportunidad luminosa, sino sobre una humanidad enfrentada a la muerte de la Tierra. Por eso la elección musical no es un detalle decorativo: revela cómo el sector tecnológico a veces toma símbolos culturales como si fueran piezas sueltas, sin revisar el tablero completo.
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No es un caso aislado. Oculus alguna vez recomendó Ready Player One, una obra donde una empresa domina una sociedad deteriorada. Sam Altman citó directamente la película «her”, que también advierte sobre vínculos emocionales frágiles con la IA. Y Palantir tomó su nombre de un objeto de vigilancia ligado a fuerzas malignas en “El Señor de los Anillos”.
Incluso Elon Musk está enfadado por la falta de precisión histórica en una adaptación de “La Odisea”, pese a que la obra nació atravesada por elementos fantásticos. El patrón revela algo más profundo: una relación funcional con la cultura, como si bastara con usar una referencia potente sin atender su sentido.
También Anthropic entró en esa disputa por la percepción pública. Su campaña reciente mostró incendios, vigilancia masiva, pobreza y muerte para hablar de control y confianza. El resultado fue tan inquietante que Sam Altman respondió que al principio pensó que era una sátira.
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Mientras las empresas ajustan el envoltorio, la opinión pública sigue fría. Una encuesta reciente de Pew marca que solo el 16% de los estadounidenses cree que la IA tendrá un impacto positivo en los próximos 20 años. En cambio, el 40% espera efectos negativos.

Ese dato funciona como un medidor central. Las campañas intentan mover la aguja con imágenes emotivas, pero todavía no logran cambiar el clima. Y cuando el mensaje optimista queda montado sobre una canción apocalíptica, el mecanismo pierde credibilidad.
La oportunidad para Meta y el resto del sector no parece estar solo en prometer un futuro mejor. Está en alinear el relato, la cultura y la tecnología.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.











