¿Cómo se trabaja cuando cada clic puede quedar registrado y, al mismo tiempo, nadie sabe si conservará su puesto dentro de unas semanas? Esa es la escena que atraviesan miles de empleados de Meta, en medio de una transformación acelerada hacia la inteligencia artificial.

La revelación llegó por dos frentes. Reuters contaba que la empresa activó en sus computadoras corporativas una herramienta interna llamada Model Capability Initiative, o MCI, un sistema que funciona en segundo plano. Y The New York Times afirma que el clima interno ya era frágil por los despidos y la presión para adoptar IA.

El objetivo de Meta es convertir tareas diarias en instrucciones repetibles para una IA

El hallazgo central es incómodo: Meta monitoriza pulsaciones de teclado, movimientos del ratón, clics y también capturas periódicas de pantalla. La compañía sostiene que ese material no se usa para medir rendimiento, sino para entrenar modelos capaces de ejecutar tareas cotidianas en una computadora imitando a los humanos.

Ahí aparece la pieza clave del mecanismo. No se trata solo de observar a un empleado. Se trata de usar su rutina como si fuera el cableado de una casa ya construida, para que una máquina aprenda por dónde pasa la corriente y qué interruptor enciende cada luz.

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Andrew Bosworth, director de tecnología de Meta, fue categórico: no existe una opción para desactivar el sistema en los dispositivos corporativos.

La analogía ayuda a entender por qué genera tanta resistencia. Si una persona abre archivos, copia datos, responde mensajes o completa formularios, la IA no “comprende” de forma humana. Lo que hace es registrar la secuencia.

El objetivo de Meta es convertir tareas diarias en instrucciones repetibles para una IA. Ese es el engranaje. Cada movimiento del cursor, cada clic y cada pantalla son pequeñas piezas de un manual práctico para automatizar trabajo de oficina.

Un sistema que llega en el peor momento

El problema no es solo técnico. Meta confirmó una nueva ola de unos 8.000 despidos, cerca del 10% de su plantilla global, con fecha prevista para el 20 de mayo. Muchos empleados llevan semanas sin saber si están dentro o fuera de la empresa.

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No es solo vigilancia: es estar ayudando a entrenar una herramienta que podría sustituir parte de su trabajo.

Según NYT, cientos reaccionaron con enojo en canales internos y preguntaron cómo podían apagar el seguimiento. La respuesta fue negativa. Para muchos, la sensación no es solo de vigilancia: es la de estar ayudando a entrenar una herramienta que podría sustituir parte de su trabajo.

Además, Meta reorganiza su estructura desde hace meses alrededor de la IA. Hay formación obligatoria, paneles que miden el consumo de tokens, o unidades de texto procesadas por los modelos, y un nuevo perfil más generalista llamado “AI builder”. La empresa busca una central más unificada, con menos roles especializados y más tareas compatibles con automatización.

La frontera legal y la vida diaria

En Estados Unidos, este tipo de control laboral puede ser legal si la empresa informa antes a sus empleados. Pero en Europa el escenario cambia. La BBC explicó que normas como el RGPD, el reglamento europeo de protección de datos, harían muy difícil justificar una vigilancia de este nivel.

La frontera legal de Meta y la vida diaria de sus empleados

Italia prohíbe rastrear productividad por medios electrónicos. En Alemania, registrar teclas solo se admite en casos excepcionales. Y en España también chocaría con límites severos de privacidad. Es decir, el mismo mecanismo que en Estados Unidos encuentra margen legal, en Europa tocaría varios interruptores rojos a la vez.

La directora financiera Susan Li admitía que la empresa todavía no sabe cuál será el tamaño óptimo de su plantilla. Esa frase explica buena parte del malestar: no solo se vigila el presente, también se vuelve borroso el futuro.

Al final, la IA corporativa deja de parecer una promesa abstracta cuando entra al escritorio y aprende mirando la mano que mueve el ratón. Y ahí, para miles de trabajadores, la tecnología ya no es una idea brillante: es una puerta que todavía no saben si se abrirá o se cerrará.

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