¿Qué pasa cuando una casa enciende todos los aires acondicionados al mismo tiempo, pero el medidor todavía no está listo para soportarlo? Algo parecido ocurre detrás del auge de la inteligencia artificial: la pieza clave ya no es solo el software, sino la energía que lo mantiene vivo.

xAI, ahora bajo el paraguas de SpaceX tras su compra en febrero, reveló que retirará de forma progresiva las turbinas de gas no autorizadas que hoy alimentan su centro de datos Colossus, cerca de Memphis. El hallazgo central es menos inmediato de lo que parece: la retirada completa no llegará hasta julio de 2027.

Mientras tanto, la empresa sigue operando 69 turbinas de gas en una zona al sur de Memphis, en Mississippi, justo del otro lado de la frontera con Tennessee. Allí, la NAACP y el Southern Environmental Law Center demandaron a xAI por usar equipos sin los permisos que, según la normativa federal, sí son obligatorios por tamaño y uso.

La discusión parece técnica, pero toca un interruptor mucho más cotidiano: cómo se alimenta una máquina que necesita trabajar sin pausas. Un centro de datos de IA funciona como una cocina industrial abierta las 24 horas. Si el horno principal no alcanza, alguien conecta hornos móviles en el patio para no cortar el servicio.

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Turbinas de gas no autorizadas de SpaceX

SpaceX sostiene que puede usarlas sin permisos porque siguen montadas sobre los remolques en los que fueron transportadas. Pero el cableado legal apunta a otro lado: la regla federal indica que lo decisivo no es si tienen ruedas, sino cuánta energía entregan y para qué se usan.

Ahí aparece el engranaje más sensible. Estas turbinas tienen el potencial de emitir más de 2.000 toneladas anuales de óxidos de nitrógeno, o NOx (gases que favorecen el smog). Y no se trata de un detalle menor, porque la región ya figura entre las más contaminadas de Estados Unidos.

La central energética detrás de la IA

En paralelo, SpaceX avanza con una planta permanente de gas natural de 1,2 gigavatios, es decir, una capacidad comparable a la de una pequeña central eléctrica. Según los documentos del permiso, esa instalación estará compuesta por 41 turbinas de entre 16,48 y 50 megavatios.

Además, en su documentación para la salida a bolsa, la compañía indicó que planea comprar turbinas por 2.800 millones de dólares durante los próximos tres años. Es una cifra que revela el tamaño del mecanismo: la carrera por la IA también es una carrera por asegurar enchufes gigantes.

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Centro de datos Colossus

Incluso la compra de APR Energy por parte de Elon Musk a comienzos de año suma otra pista. El archivo del sitio web de la empresa muestra tecnologías de generación temporal con gas, aunque todo indica que esas turbinas no coinciden con las previstas para la nueva planta de Colossus.

Eso abre una oportunidad y también una duda. Si las actuales no encajan con la planta permanente, y las de APR Energy parecen distintas, parte de esa nueva flota podría terminar en otro proyecto todavía no anunciado.

Por ahora, el Departamento de Justicia respaldó a SpaceX en la demanda y sostuvo que este tipo de infraestructura toca asuntos de seguridad nacional, económica y energética. La frase puede sonar lejana, pero en la práctica revela algo muy simple: cada respuesta inmediata de una IA depende de una central que no se ve en la pantalla.

La lección es incómoda y clara. El futuro digital no solo se programa; también se ventila, se combustiona y se regula. Y en esa casa cada vez más conectada que promete la IA, el verdadero interruptor sigue estando en la sala de máquinas.

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