Imagina que te apuntas a una oferta de trabajo desde tu móvil, te llaman a los cinco minutos y quien te hace la primera criba no respira. Las entrevistas laborales guiadas por inteligencia artificial ya están aquí, y aunque a buena parte de los candidatos les genera un rechazo tremendo, los datos financieros mandan. La prueba irrefutable de que esto va en serio la acaba de dar Orbio, una start-up madrileña fundada en este mismo 2025 que ha levantado 21 millones de dólares (unos 18,2 millones de euros) para automatizar los departamentos de recursos humanos. Una auténtica locura.
Y es que el equipo directivo, comandado por Nacho Travesí (CRO), Sergi Bastardas (CEO) y Antonio Melé (CTO), no se ha andado con miramientos. Han cerrado una ronda Serie A hipercompetitiva liderada por el fondo Dawn Capital. A la fiesta también se han sumado grandes inversores de la talla de Visionaries VC, Plus Partners y Enzo Ventures. Esto no es solo una inyección de liquidez para alargar la pista de aterrizaje, es un movimiento tremendamente agresivo para dominar el sector.

Si revisamos el histórico, este dineral viene a potenciar enormemente la que se realizó en septiembre del año pasado, cuando ya lograron captar 6,5 millones de euros. Ahora, la hoja de ruta corporativa es meridiana. Planean abrir una sede en Nueva York para plantar cara directamente a los gigantes de Silicon Valley y, en paralelo, triplicar su actual equipo de ingenieros en la capital de España. Así de simple.
Inferencia pura: cómo te evalúa la máquina
En el terreno técnico, el software de esta compañía está a años luz de los aburridos cuestionarios web de opciones múltiples. Su plataforma integra modelos de lenguaje (LLM) optimizados con latencia casi nula, capaces de mantener conversaciones rigurosas y fluidas, ya sea por voz o mediante texto. Y aquí viene lo duro: la IA entiende tu contexto, repregunta de forma dinámica sobre lagunas en tu currículum y evalúa tus habilidades en directo. Actúa como un reclutador implacable que procesa información masiva sin pestañear.
Pero ojo con esto, hay una letra pequeña vital en su estrategia de negocio. La tecnología no está pensada para fichar al próximo arquitecto de software o al director de marketing de una multinacional. Su mercado objetivo son los trabajadores de primera línea. Hablamos de repartidores, operarios de logística o personal de hostelería, entornos donde la rotación laboral es salvaje y los equipos de selección viven permanentemente saturados.

A nivel operativo, la herramienta destroza la burocracia habitual. No se limitan a ejecutar esa temida charla inicial. El pipeline automatiza la recopilación del papeleo, lanza la verificación de antecedentes penales o laborales de forma autónoma y orquesta el onboarding. Básicamente, consiguen que cubrir una vacante urgente pase de costar un par de semanas a resolverse en cuestión de horas. El cuello de botella histórico del reclutamiento desaparece de un plumazo.
El muro de código y la pérdida de la intuición
Como era de esperar, obligar a que un algoritmo decida el futuro laboral de una persona levanta un gigantesco debate ético. Muchos aspirantes sienten que enfrentarse a un agente virtual es una experiencia fría, casi distópica, que elimina de raíz el factor humano. Se anula la intuición, esa empatía o lectura no verbal que un reclutador experimentado capta al vuelo en los primeros segundos de saludo. Y la frustración de chocar contra un bot es un coste reputacional evidente para las marcas empleadoras.
Por contra, desde la cúpula de la start-up madrileña el argumento es justo el inverso. Defienden a capa y espada que delegar la criba inicial a una IA reduce radicalmente los sesgos humanos, conscientes o inconscientes, que ensucian la selección tradicional. Además, insisten en que esto libera a los profesionales humanos de horas de trabajo monótono, permitiéndoles volcar todo su talento en las fases críticas del proceso. Al final del día, el candidato finalista recibe una atención real y personalizada. Tiene todo el sentido.
La multimillonaria lluvia de millones sobre este proyecto confirma que la inteligencia artificial aplicada ha abandonado la fase de promesas vacías. El capital riesgo está apostando fuerte por un software B2B que cura dolores corporativos muy medibles. Nos guste más o menos tener que convencer a un bot para conseguir una nómina, la hiperautomatización masiva del reclutamiento ya es un estándar. La pelota está en el tejado del mercado laboral: veremos si la sociedad asume este peaje o si la presión de los sindicatos fuerza otra forma de hacer las cosas.

Me dedico al SEO y la monetización con proyectos propios desde 2019. Un friki de las nuevas tecnologías desde que tengo uso de razón.
Estoy loco por la Inteligencia Artificial y la automatización.








