OpenAI registró en 2025 una pérdida neta atribuible de 38.530 millones de dólares, según la información financiera resumida en su último ejercicio. El hallazgo sorprende porque llega en paralelo a otro dato clave: la compañía facturó 13.070 millones de dólares en el año.

Además, en diciembre alcanzó un ritmo de facturación mensual de 2.000 millones de dólares, el doble que un año antes. Es decir, el negocio crece. Pero también crece, y mucho, el costo de sostener esa central de inteligencia artificial.

OpenAI registró en 2025 una pérdida neta atribuible de 38.530 millones de dólares

La pieza clave para entender el salto en los números rojos no está solo en las ventas ni en el uso de ChatGPT. Está en dos engranajes: el gasto en investigación y desarrollo, y un ajuste contable ligado a su reestructuración como sociedad con ánimo de lucro.

Dicho de forma simple, OpenAI no solo gastó más en construir su máquina, también tuvo que recalcular cuánto valían ciertos derechos de sus inversores. Ese mecanismo elevó la pérdida neta muy por encima de la pérdida operativa.

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La analogía doméstica ayuda. Es como reformar una casa mientras se vive dentro. Por un lado, llegan más ingresos porque más habitaciones se alquilan. Por otro, hay que cambiar tuberías, rehacer la instalación eléctrica y actualizar el valor de toda la propiedad tras la obra.

En ese escenario, la caja puede seguir entrando. Pero la factura final del año igual se dispara.

El gasto que explica el salto

Los costes operativos totales de OpenAI ascendieron a 34.000 millones de dólares en 2025. La mayor parte fue a investigación y desarrollo, con 19.180 millones destinados al entrenamiento de nuevos modelos, un proceso intensivo en chips, energía y centros de datos.

OpenAI no solo gastó más en construir su máquina, también tuvo que recalcular cuánto valían ciertos derechos de sus inversores.

Aquí aparece otro tecnicismo importante: pérdidas operativas (el rojo del negocio diario). Ese indicador llegó a 20.920 millones de dólares, frente a 8.780 millones del año anterior. La diferencia hasta los 38.530 millones de pérdida neta se explica, sobre todo, por el ajuste contable de la conversión societaria y la revalorización de derechos de inversores.

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En otras palabras, una parte del golpe no salió directamente de una caja registradora. Salió del nuevo mapa de valor de la empresa tras mover su estructura legal.

Ese dato importa porque cambia la lectura. No es lo mismo un negocio que se frena por falta de ingresos que una compañía que quema recursos para ampliar capacidad y, además, reordena su arquitectura financiera.

La carrera por la Bolsa

OpenAI cerró el ejercicio con más de 50.000 millones de dólares en activos. Casi la mitad correspondían a liquidez, una señal de que todavía conserva margen para sostener esta etapa de inversión fuerte.

La carrera por la Bolsa

Al mismo tiempo, la empresa inició los trámites para salir a Bolsa y ya presentó de forma confidencial la documentación ante la SEC, el regulador bursátil de Estados Unidos. La salida podría producirse en otoño.

Ese movimiento la pone frente a frente con Anthropic en la carrera por captar fondos del mercado público. Hoy, Anthropic aparece como la empresa de IA más valiosa tras una valoración de 900.000 millones de dólares. OpenAI, por su parte, fue valorada en 852.000 millones en marzo, después de una ronda récord de 122.000 millones.

Para el usuario común, todo esto parece lejano, pero tiene una aplicación práctica. Este tipo de inversiones define qué tan rápido mejoran los modelos, qué respuesta inmediata pueden ofrecer y cuánto costará usarlos en el futuro.

Si la IA es una nueva red eléctrica, 2025 muestra que OpenAI todavía está instalando cables, cambiando interruptores y reforzando la central. La factura es enorme, sí. Pero también revela que la competencia ya no se mide solo por quién vende más, sino por quién logra construir la infraestructura que sostendrá la próxima década.

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