La fuga de cerebros en el laboratorio de Sam Altman no da tregua, y esta vez el golpe apunta directo al sector de la biotecnología. Miles Wang, uno de los investigadores clave de OpenAI enfocado en descubrimientos científicos, prepara las maletas para montar su propia start-up de desarrollo de fármacos con inteligencia artificial.
Y es que el talento joven sabe perfectamente dónde está el dinero ahora mismo. Wang, que abandonó sus estudios de informática en Harvard para fichar por OpenAI en 2024, no se va para crear un simple chatbot. Su objetivo es cazar un pedazo del pastel farmacéutico usando grandes modelos de lenguaje aplicados a la biología.
Si analizamos las cifras filtradas, la ambición de este proyecto asusta a cualquiera. El exinvestigador está en plenas negociaciones para levantar aproximadamente 200 millones de dólares en su ronda inicial. Este movimiento catapultaría a su empresa, que apenas está naciendo, a una valoración estimada de 2.000 millones de dólares. Una auténtica barbaridad.

En concreto, la firma de capital riesgo Lightspeed se perfila como la favorita para liderar esta enorme inyección de liquidez. Aunque las firmas aún no están estampadas en los contratos y las condiciones pueden cambiar, el ruido en Silicon Valley es ensordecedor en estos momentos.
Pero claro, en este mundillo nadie confirma los rumores hasta que el cheque está ingresado en el banco. El propio Wang ha salido al paso en redes para cuestionar los números filtrados y matizar la descripción del proyecto que ha llegado a la prensa. Eso sí, no ha facilitado ni un solo dato alternativo para desmentirlo de raíz. Típico movimiento táctico.
La fiebre del oro en las ciencias de la vida
Evidentemente, esta lluvia repentina de millones no surge por arte de magia. Los grandes fondos de capital riesgo han olido sangre en la intersección entre la inteligencia artificial generativa y las ciencias de la vida. Ya no basta con generar código de programación; la próxima frontera exige que la IA sea capaz de curar enfermedades.
Por si te quedan dudas de la magnitud de esta burbuja sanitaria, solo hay que echar un vistazo a los últimos movimientos del tablero de inversión. Hace muy poco, la start-up Chai Discovery cerró una megarronda de 400 millones de dólares, alcanzando una valoración de 3.800 millones por sus sistemas predictivos de interacciones moleculares. Los bolsillos inversores están muy llenos.
A ello se le suma el peso pesado ineludible de Google. Su escisión corporativa Isomorphic Labs, nacida de las entrañas de DeepMind, logró captar unos mareantes 2.100 millones de dólares en una ronda Serie B. La competencia por el talento va a ser brutal.
Reciclar medicinas: la jugada maestra
La gran incógnita es qué planea hacer exactamente la nueva empresa de Wang para seducir a tantos inversores institucionales. Según apuntan varias fuentes internas, el enfoque principal no será crear moléculas exóticas desde cero. La idea central es exprimir los modelos de IA para encontrar nuevos usos terapéuticos a medicamentos que ya existen.
Básicamente, pretenden rescatar fármacos que ya están en las farmacias o aquellos compuestos que acabaron en el cajón de los fracasos durante los ensayos clínicos. Y esta estrategia tiene todo el sentido financiero del mundo. El atajo definitivo hacia la rentabilidad.
La letra pequeña del sector médico es que desarrollar una medicina nueva cuesta miles de millones y requiere décadas de pruebas rigurosas. Sin embargo, si logras reutilizar un fármaco ya aprobado por agencias como la FDA, te saltas de golpe las fases iniciales de toxicidad. La sustancia ya ha demostrado que es segura para humanos. De este modo, el tiempo que tardas en llegar al mercado y facturar ingresos reales se desploma por completo.
No olvidemos el historial del fundador. Durante su intensa etapa en OpenAI, Wang fue coautor de investigaciones muy relevantes para la industria. Su trabajo diario consistía precisamente en explorar cómo las redes neuronales podían automatizar y acelerar el descubrimiento biológico en los laboratorios tradicionales. Se lleva todo ese know-how a su propio terreno, y los rumores indican que otros cerebros de OpenAI podrían seguir sus pasos muy pronto.
El constante goteo de talento en las grandes corporaciones para fundar proyectos independientes nos marca un cambio de ciclo innegable. Tocará esperar para ver si firmas como OpenAI logran retener a los ingenieros que están construyendo la ciencia del futuro, o si terminan convertidos en una simple incubadora de CEOs para la competencia. La pelota está en el tejado de Altman.

Me dedico al SEO y la monetización con proyectos propios desde 2019. Un friki de las nuevas tecnologías desde que tengo uso de razón.
Estoy loco por la Inteligencia Artificial y la automatización.








