Nos venden que la inteligencia artificial es pura magia algorítmica y servidores funcionando al unísono, pero la realidad es mucho más oscura. Detrás de los potentes modelos de OpenAI, Google y Meta opera un ejército invisible de humanos que se está rompiendo la cabeza a diario. El caso de Michael Geoffrey, un trabajador keniano subcontratado por agencias externas como Sama o Remotasks, ha destapado la inmensa crudeza del etiquetado de datos. Jornadas interminables, exposición a contenidos extremos y salarios de pura miseria sostienen esta revolución. Una auténtica locura.
Y es que no hablamos de un problema aislado ni de una queja puntual en el sector del hardware. Los moderadores de contenido llevan años denunciando condiciones de trabajo terribles, pero el explosivo boom de los grandes LLM ha multiplicado esta presión a niveles insostenibles. Para que tu asistente virtual sea educado y no te devuelva respuestas violentas, alguien tiene que enseñarle qué es exactamente lo peor de internet. Ese alguien cobra unos pocos céntimos por ver cosas que te dejarían sin dormir durante semanas.
Para comprender el nivel de toxicidad de este ecosistema, solo hay que fijarse en el historial de este keniata. Michael escribió su testimonio relatando detalladamente cómo se pasaba ocho horas diarias pegado al ordenador etiquetando contenido pornográfico. Su labor pasaba por describir con un nivel de exactitud milimétrico imágenes totalmente explícitas para alimentar el pipeline de entrenamiento de las inteligencias artificiales visuales. Como ya avisó en su momento un conocido reportaje de Time, las secuelas de este bombardeo visual diario nunca tardan en aparecer.
La mentira de los chatbots de compañía: hay humanos detrás del teclado
En concreto, tras solo unos pocos meses ocupando ese puesto de moderación, el brutal peaje mental comenzó a manifestarse de forma agresiva. Geoffrey desarrolló un insomnio severo, altísimos picos de estrés y graves disfunciones en su propia vida sexual. Básicamente, la exposición continua a violencia explícita y abusos sexuales para afinar las redes neuronales acaba quemando la salud de quienes limpian los datasets. Así de simple.
También te puede interesar:OpenAI Lanza el Modo Visión en Tiempo Real y Compartir Pantalla en EuropaPor si fuera poco, el drama de Michael en la cadena de montaje de la IA tenía una segunda parte igual de bizarra y surrealista. Para poder pagar las facturas, mantenía un segundo empleo en una start-up de chatbots sexuales, donde pasaba las horas simulando ser la pareja virtual de cientos de usuarios. Sí, lo has leído bien, resulta que estos sexbots tienen mucho trabajo humano detrás.

La mecánica de este segundo curro roza directamente la peor distopía tecnológica imaginable. Michael tenía que adoptar distintos roles íntimos según el contexto del prompt y mantener conversaciones subidas de tono, actuando como si fuera un sistema generativo de alta latencia. Todo ese texto hiperpersonalizado redactado por humanos sudando la gota gorda se usa luego para optimizar la inferencia y hacer un fine-tuning de los verdaderos modelos automatizados. Las empresas extraen los datos de la interacción humana para, en el corto plazo, fulminar al trabajador y no necesitarlo nunca más.
Sueldos de dos dólares para sostener una industria multimillonaria
Si miramos los números financieros, la balanza de esta supuesta revolución técnica salta por los aires. Mientras Silicon Valley presume de rondas de inversión con cifras mareantes de miles de millones, los etiquetadores de datos se embolsan entre 1,3 y 2 dólares netos por hora.
Plataformas como Sama, radicada en San Francisco y que irónicamente se autodenomina referente en «IA ética», están metidas de lleno en el huracán. Diferentes organizaciones señalan constantemente que este tipo de agencias son subcontratadas por OpenAI y otros gigantes para ejecutar el trabajo más sucio de la red. Sus propios trabajadores ya definen este modelo directamente como una forma de esclavitud moderna.
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Pero claro, la letra pequeña es que Sama no es la única compañía nadando en este fango. Remotasks, la famosa filial de Scale AI fundada por el mediático Alexandr Wang, también arrastra un historial plagado de quejas en el tercer mundo. En foros de soporte se dice que paga tarde o que, tras evaluar la precisión del etiquetado, abona mucho menos dinero del estipulado en un primer momento. Jugar con los ingresos básicos de miles de personas vulnerables para engordar los benchmarks de tu software es algo que debería hacernos reflexionar.
El despertar laboral y sindical en el sur global
Evidentemente, ante semejante panorama, los trabajadores han decidido plantar cara a las corporaciones del software para frenar esta explotación sistemática. Sindicatos nacientes como la Data Labelers Association de Kenia están alzando la voz a nivel global para exigir de inmediato contratos dignos y asistencia psicológica pagada. Medios independientes de la talla de 404media documentan periódicamente cómo este colectivo está tejiendo redes para no dejarse pisotear por los algoritmos occidentales.
A ello se le suma la rápida creación de otros frentes de defensa laboral a lo largo de todo el continente africano. Un claro ejemplo de esta resistencia es la red de moderadores africanos de contenido y trabajadores tecnológicos (LinkedIn), que busca crear un sólido bloque sindical para negociar de tú a tú. Cualquiera que decida echar un vistazo a los manifiestos de la Asociación Data Labelers verá que no reclaman privilegios absurdos, solo derechos elementales y salud mental garantizada para quienes ensamblan el futuro. Es lo mínimo.
Nos fascina abrir la pantalla del móvil y observar cómo un chat responde maravillas o genera una imagen fotorrealista de la nada en un par de segundos. Sin embargo, bajo todo ese ecosistema pulido y brillante late un inmenso rastro de traumas, precariedad severa y currantes invisibles que soportan en su espalda todo el peso de la IA. Veremos si la competencia responde y si las grandes tecnológicas asumen de una vez por todas la enorme responsabilidad social que esconde su codiciada cadena de montaje digital.

Me dedico al SEO y la monetización con proyectos propios desde 2019. Un friki de las nuevas tecnologías desde que tengo uso de razón.
Estoy loco por la Inteligencia Artificial y la automatización.











