Anthropic, la compañía detrás de Claude, acaba de protagonizar el culebrón de la semana al suspender sin previo aviso a Peter Steinberger, creador de OpenClaw y actual empleado de OpenAI. Una decisión polémica que huele a fuego cruzado corporativo y que ha puesto en pie de guerra a la comunidad de desarrolladores.

Y es que la cuenta fue restaurada apenas unas horas después de que el caso estallara en redes sociales. Steinberger denunció públicamente que su acceso había sido bloqueado por una supuesta «actividad sospechosa». Menuda coincidencia. Poco después, un ingeniero de Anthropic salió al paso afirmando que la empresa jamás ha baneado a nadie por usar esta herramienta de código abierto. Incluso le ofreció asistencia técnica. Casualidad o no, tras el ruido mediático, la cuenta volvió a la vida.

El fin de la tarifa plana para la comunidad open-source

En concreto, este choque de trenes no es un hecho aislado. Se produce justo después de un tijeretazo radical en la política de precios de la compañía de IA. Hasta hace nada, si pagabas tu suscripción mensual a Claude, podías conectar herramientas de terceros sin dolores de cabeza. La fiesta se ha terminado.

Básicamente, Anthropic ha anunciado que sus planes estándar ya no cubren el uso intensivo de plataformas como OpenClaw. Si eres desarrollador y quieres integrarlo en tu flujo de trabajo, te toca pasar por caja mediante la API de Claude. Es decir, pagar estrictamente por cada token que consumes. Un cambio de reglas en mitad de la partida.

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El argumento oficial de la empresa se ampara en el coste brutal del hardware. Aseguran que los agentes autónomos tipo «claw» generan patrones de tráfico mucho más intensivos en computación. Al ejecutar bucles de razonamiento continuos, reintentar tareas fallidas automáticamente y conectarse a múltiples bases de datos, el consumo de inferencia se dispara. Tiene lógica técnica.

Pero claro, el creador de la herramienta no compra esa versión de la historia. El desarrollador publicó en X temprano el viernes por la mañana que él ya estaba utilizando el sistema de pago por consumo de la API cuando le bloquearon el acceso. Si estaba cumpliendo estrictamente con las nuevas normas económicas, el baneo no tiene ninguna justificación por uso abusivo.

¿Un intento de asfixiar a la competencia?

Si rascamos un poco bajo la superficie, la jugada de Anthropic resulta bastante cuestionable para los defensores del software libre. Steinberger ha lanzado una acusación directa: insinúa que la compañía adopta las ideas exitosas del código abierto para sus propios productos y luego cierra la puerta a los desarrolladores independientes. Una estrategia de manual.

Por si fuera poco, las fechas cantan por sí solas y dan que pensar. Semanas antes de limitar a OpenClaw, Anthropic lanzó Claude Dispatch, una nueva función integrada en su agente Cowork. ¿Su propósito? Controlar agentes de IA de forma remota y asignar tareas automáticas. Exactamente el mismo nicho tecnológico que ocupa la herramienta de Steinberger. Blanco y en botella.

Todo este malestar escaló de nivel cuando Steinberger publicó en X su profunda decepción con el trato recibido por parte de la cúpula directiva. Confesó que, mientras su actual empresa le recibió con los brazos abiertos para potenciar su tecnología, desde Anthropic le llegaron a enviar amenazas legales en el pasado. El ambiente está muy caldeado.

Trabajando en el enemigo para mejorar el estándar

Llegados a este punto, no podemos obviar el elefante en la habitación. Peter Steinberger trabaja ahora mismo en el equipo de producto de OpenAI, el máximo rival de Anthropic. Una ironía brillante.

Evidentemente, uno podría pensar que usa a Claude para espiar, pero la realidad es mucho más aburrida y pragmática. Steinberger sigue siendo el líder de la OpenClaw Foundation. Utiliza a la competencia simplemente para comprobar que su software sigue siendo interoperable y funciona sin latencia con diferentes LLMs del mercado. Así de claro.

Y aquí viene el dato que debe escocer en las oficinas de Sam Altman. A pesar de trabajar para OpenAI, Claude sigue siendo la opción preferida por los miles de usuarios de OpenClaw, superando al mismísimo ChatGPT en la ejecución de este tipo de tareas autónomas. La calidad del modelo de Anthropic en razonamiento de código sigue siendo indiscutible.

Veremos si la competencia responde a este movimiento restrictivo. Steinberger ya ha dejado caer que está usando toda su experiencia para hacer que los modelos de OpenAI sean mucho más competitivos en este terreno de los agentes. La guerra por dominar el uso automatizado de la IA acaba de empezar, y la pelota está en el tejado de los grandes laboratorios.

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