¿Qué pasa cuando de un día para otro tu trabajo cambia, pero no porque hayas elegido un nuevo rumbo, sino porque alguien movió el cableado central de toda la empresa? En Meta, esa sensación dejó de ser una metáfora y se convirtió en un clima de oficina difícil de disimular.
Según contó Wired, el malestar estalló durante una presentación interna multitudinaria, cuando un empleado interrumpió con una frase agresiva dirigida a la empresa y a un ejecutivo. El episodio no fue una anécdota aislada. Fue la pieza más visible de una reestructuración masiva que dejó a miles de personas descolocadas.
A finales de mayo, Meta ejecutó la mayor reestructuración de su historia. Despidió a 8.000 empleados y reubicó a otros 7.000. De ellos, al menos 6.500 fueron enviados a Applied AI, un nuevo engranaje pensado para apoyar el área de superinteligencia donde ya trabajan especialistas fichados por Mark Zuckerberg.
El hallazgo que revelan las filtraciones internas es más humano que técnico: muchos de esos empleados no sienten que estén construyendo futuro, sino rellenando casilleros. Ingenieros y product managers, antes dedicados a desarrollar software, ahora crean acertijos para entrenar modelos de IA.
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Ese trabajo tiene una lógica para Meta. Entrenar una IA necesita datos, ejemplos y correcciones. En la práctica, implica tareas repetitivas, de baja creatividad, que sirven como combustible para modelos más ambiciosos. Zuckerberg sostuvo en un memorando interno que se trata de una fase temporal y necesaria, y que más adelante surgirán puestos donde estos empleados podrán aportar más valor.
La dirección lo presenta como un paso clave para avanzar en IA; los trabajadores lo viven como un descenso de categoría.
Un sistema que registra clics y pantallas
Además, la tensión no nació solo del cambio de tareas. Tras los despidos, muchos empleados pasaron un mes sin saber si conservarían su puesto. Durante ese periodo, Meta activó un sistema de monitorización que registraba clics y hacía capturas de pantalla periódicas para entrenar a la IA en tareas cotidianas.
Aquí la metáfora cambia, pero no pierde fuerza. Es como si, mientras decides si sigues viviendo en una casa, el dueño instalara cámaras sobre tus manos para estudiar cómo abres cajones, ordenas cubiertos o enciendes la hornalla. El objetivo técnico puede ser claro. La sensación para quien lo padece es otra.
También te puede interesar:Meta fue sorprendida manipulando benchmarks de IAMás de 1.600 empleados firmaron una petición para eliminar ese programa. La empresa solo aceptó un ajuste: permitir pausas de 30 minutos en la recogida de datos. Ese detalle revela el tipo de equilibrio que hoy domina en Meta: la productividad como interruptor principal, y la comodidad humana como accesorio.
La oportunidad que no logra cambiar el clima
En ese contexto, Zuckerberg propuso un hackatón (jornada intensiva de ideas) centrado en innovación en IA para mejorar la moral. Pero, según otro reporte de Wired, la iniciativa fue mal recibida. Muchos empleados creen que no tienen tiempo, arrastran sobrecarga de trabajo y dudan de que ese esfuerzo influya en sus evaluaciones.
La clave no parece estar en pedir entusiasmo, sino en reparar el mecanismo interno. Cuando una organización mueve a miles de personas como si fueran piezas intercambiables, el problema no es solo de estructura. También es de confianza.
Meta quiere construir la próxima central de la inteligencia artificial. Pero, para hacerlo, primero tendrá que revisar el cableado humano que hoy mantiene encendida a la empresa.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.











