Takway AI Co. presentó a comienzos de 2026 Sweekar, una mascota virtual con cuerpo robótico, memoria y capacidades de conversación. El dispositivo conserva la idea de criar a un compañero digital, pero suma una pieza clave: sus respuestas no quedan fijadas desde fábrica.

Takway AI Co. presentó a Sweekar, la mascota que conserva experiencias compartidas y las utiliza para responder de otra manera en el futuro.

Sweekar comienza como un huevo de unos 6,1 centímetros y atraviesa infancia, adolescencia y adultez, hasta alcanzar cerca de 7,1 centímetros. Su crecimiento no es solo visual: la forma de alimentarlo, bañarlo, jugar o hablar con él modifica su conducta.

El hallazgo detrás de esta propuesta está en llevar la IA desde las tareas de productividad hacia un objeto cotidiano de compañía. En lugar de limitarse a pedir atención y repetir animaciones, la mascota puede conservar experiencias compartidas y utilizarlas para responder de otra manera en el futuro.

Una mascota con memoria como cableado propio

Sweekar funciona como un hogar: cada interacción añade una pequeña marca a su “cableado” de comportamiento. Si recibe juegos, conversaciones o cuidados de forma distinta, puede mostrarse más curioso, juguetón, introvertido, extrovertido, lógico o soñador.

Así, dos dispositivos que parten de las mismas condiciones pueden terminar con personalidades diferentes. La clave no está solo en una orden puntual, sino en el historial: la mascota usa recuerdos previos para construir respuestas nuevas, en vez de reiniciar una secuencia programada.

La mascota usa recuerdos previos para construir respuestas nuevas, en vez de reiniciar una secuencia programada.

Para hacerlo, Sweekar emplea modelos de IA, programas que reconocen patrones y generan respuestas, como Gemini Flash y ChatGPT. Estos sistemas sostienen la conversación y el aprendizaje, aunque la experiencia se presenta en un cuerpo de 89 gramos, pensado para transportarse con facilidad.

La parte física también busca cambiar la relación con el usuario. El dispositivo puede generar calor y producir una respiración suave a través de su sistema de sonido. Son señales simples, pero cumplen una función concreta: darle presencia a algo que antes vivía únicamente detrás de una pantalla.

Del cuidado constante a una relación que evoluciona

Los Tamagotchi de los años noventa dependían de rutinas conocidas: alimentar, limpiar y mantener activa a la criatura para evitar que desapareciera. Sweekar retoma esa crianza, aunque suma memoria integrada, la capacidad de aprender un apodo y reconocerlo cuando su propietario lo menciona.

Además, puede continuar algunas actividades cuando la persona no está cerca, como explorar o aprender nuevos comportamientos. No significa que actúe con autonomía humana, sino que el sistema mantiene procesos de evolución sin requerir una orden inmediata.

Sweekar requiere del cuidado constante habitual, pero suma memoria integrada, capacidad de aprender un apodo y reconocerlo cuando su dueño lo menciona.

También incorpora NFC, una tecnología de comunicación a corta distancia, para detectar otros Sweekar cercanos. Cuando dos mascotas se encuentran, pueden reconocerse y establecer una relación que el fabricante plantea como una forma de crear nuevos amigos.

La oportunidad está en una compañía digital menos estática y más personalizada. Si el Tamagotchi fue una alarma afectiva dentro de un llavero, Sweekar intenta ser una pequeña casa con luces que cambian según quien decide encenderlas.

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