Amazon Web Services (AWS) ofrecerá desde este martes una versión preliminar limitada de la tecnología de The Biological Computing Company (TBC). El hallazgo de esta startup consiste en estudiar cómo procesan imágenes las células cerebrales de rata para volver más rápida la generación de video con IA.

TBC, fundada en Baltimore hace cuatro años por los neurocientíficos Alexander Ksendzovsky y Jon Pomeraniec, no busca reemplazar los modelos actuales. Su pieza clave es otra: extraer de las neuronas una forma más eficiente de manejar la información visual.

La oportunidad es relevante porque crear video con IA consume muchos recursos. Cada escena, movimiento y cambio de luz exige que el sistema calcule una enorme cantidad de datos para que la imagen no se rompa ni pierda sentido.

La compañía afirma que su modelo puede generar video hasta cinco veces más rápido que el modelo abierto sobre el que funciona, además de bajar el costo de inferencia, el procesamiento que realiza la IA al responder.

Un cableado vivo para ordenar imágenes

El mecanismo puede entenderse como una casa con un tablero eléctrico. Las neuronas serían pequeños interruptores vivos; los electrodos, los cables que llevan y traen señales; y el software sería el electricista que observa qué combinación enciende cada ambiente.

TBC no convierte directamente las neuronas en una computadora comercial: observa sus respuestas para copiar en software los patrones más útiles. Primero traduce una imagen en impulsos eléctricos. Luego los envía a células vivas colocadas sobre matrices de silicio, placas con muchos puntos de contacto.

Esas matrices fueron fabricadas por la firma suiza 3Brain. Cada electrodo ocupa una posición concreta y esa ubicación condiciona qué neuronas estimula y qué respuesta registra. Por eso las imágenes fueron una puerta de entrada más natural que el texto.

Una foto se parece a una cuadrícula: color, forma y posición pueden distribuirse sobre una rejilla. El lenguaje, en cambio, funciona más como una conversación que depende del orden, el contexto y los matices de cada palabra.

Después, TBC analiza la actividad de las células para encontrar patrones computacionales. Esos patrones pasan a herramientas digitales capaces de mejorar modelos visuales ya existentes, sin obligar a las empresas a reconstruir todo el motor de su IA.

La prueba pendiente: videos largos y coherentes

Hasta ahora, la tecnología solo estaba disponible mediante el proveedor Bluesky Compute. La llegada a AWS puede ampliar de forma notable su acceso a clientes empresariales, aunque la distribución inicial será limitada antes de una expansión prevista para el resto de los usuarios corporativos.

La empresa recaudó más de 50 millones de dólares y cuenta con unos 35 empleados. Parte del equipo trabaja con células cerebrales de rata y células madre humanas en un pequeño laboratorio de investigación y desarrollo instalado en San Francisco.

Sin embargo, la computación biológica todavía necesita cuidados que un servidor convencional no exige. Las células deben mantenerse vivas, supervisadas y conectadas a mecanismos capaces de convertir una señal biológica en información digital significativa.

AWS ya explora este terreno con Cortical Labs, una empresa australiana que combina neuronas cultivadas con chips de silicio. Esa compañía llama a su propuesta WAAS, wetware as a service (células vivas como servicio), y comercializa equipos para laboratorios de varios miles de dólares.

La gran prueba para TBC será otra. Deberá demostrar que su engranaje mantiene la memoria y la coherencia cuando un cliente pida videos de diez minutos o incluso una hora. En ese límite se verá si el interruptor biológico puede sostener una historia completa, sin que la imagen olvide lo que acababa de mostrar.

Si funciona, el cerebro de una rata no reemplazará a la computadora de todos los días. Pero podría enseñarle a la IA una forma más austera y eficiente de encender sus propias luces.

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