¿Cuánto puede valer una dirección de internet cuando contiene apenas dos letras? Para quien busca una herramienta, una marca o una respuesta rápida, escribir una palabra simple en el navegador puede sentirse como abrir una puerta conocida. Esa puerta, ahora, tiene un nuevo precio récord.
Kris Marszalek, cofundador y consejero delegado de Crypto.com, compró AI.com por 70 millones de euros. La operación, revelada por el Financial Times, es la adquisición de dominio más cara de la que existe constancia pública.

El hallazgo también corrige una cifra repetida durante años. Cars.com fue valorado en 872 millones de dólares dentro de una operación corporativa, pero ese importe no fue un pago exclusivo por la dirección web: incluía el valor intangible de toda la marca. AI.com no es, por tanto, una compra comparable a vender una empresa completa con oficinas, clientes y publicidad. Es la compra de la placa que cuelga en la entrada.
Una dirección digital como la puerta central de una casa
El mecanismo se entiende con una analogía doméstica. Un dominio funciona como la dirección de una casa: permite que una persona llegue sin memorizar coordenadas, números largos o instrucciones confusas. Cuanto más corta, conocida y fácil de recordar es esa dirección, más tránsito puede atraer. AI.com equivale a tener la puerta principal en la avenida más buscada de internet. No garantiza que el edificio tenga buenos servicios, pero hace que millones de personas identifiquen el lugar antes incluso de cruzar el umbral.
También te puede interesar:Lanzamiento de ai.com, la Plataforma de Agentes IA Descentralizada Presentada en la Super BowlMarszalek no habría adquirido esa pieza clave para guardarla en un cajón o revenderla después. Su plan es convertir AI.com en una plataforma de inteligencia artificial, es decir, sistemas capaces de procesar información y generar respuestas o tareas con ayuda de modelos informáticos. Además, la nueva marca fue promocionada durante la Super Bowl de 2026. Esa exposición transforma el dominio en algo más que un cartel digital: lo convierte en el cableado central de una futura puerta de acceso a servicios de IA.

El récord anterior de una venta pública convencional era Voice.com, comprado por 30 millones de dólares en 2019. AI.com duplica esa referencia y muestra una oportunidad clara: las palabras asociadas a la inteligencia artificial han desplazado a los términos que dominaron el mercado durante décadas. Antes, las direcciones más cotizadas se vinculaban con coches, seguros, viajes o alquileres. CarsInsurance.com se vendió por 49,7 millones de dólares en 2010; Insurance.com alcanzó 35,6 millones, y VacationRentals.com llegó a 35 millones.
LasVegas.com aparece incluso con un acuerdo de 90 millones de dólares en 2005. Sin embargo, el pago se repartió hasta 2040, un detalle importante para no confundir una cifra pactada a largo plazo con un desembolso inmediato.
El valor de una palabra que todos recuerdan
Otro caso revela por qué los precios no siempre pueden medirse con exactitud. OpenAI compró Chat.com en 2024 para redirigirlo hacia ChatGPT. Dharmesh Shah, su anterior propietario, había pagado 15,5 millones de dólares y confirmó que recibió acciones de OpenAI como parte de la venta. Pero nadie conoce la valoración exacta de esas acciones. Afirmar cuánto pagó OpenAI sería especulativo, porque una parte de la operación no tuvo un precio público fijo.
También es probable que existan acuerdos privados con cifras mayores que nunca salen a la luz. AI.com marca un interruptor visible: internet está pagando más por las direcciones que resumen la tecnología que hoy concentra la atención del mundo. Como una casa bien situada, el dominio no construye por sí solo lo que habrá dentro. Pero puede hacer que encontrar la puerta correcta sea mucho más fácil.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.









