Ese es el hallazgo que planteó Enrique Martín Romero, CEO de E&Q Engineering y coautor de Inteligencia Artificial y Defensa. El impacto en los ejércitos, durante una conferencia en el Cuartel General del Ejército de Tierra, el 21 de septiembre de 2026.
Para el especialista, la inteligencia artificial ganó una pieza clave en el ámbito militar porque puede procesar grandes volúmenes de información, identificar patrones y acelerar análisis. Sin embargo, su creciente eficacia también alimenta una confusión central: creer que una respuesta convincente equivale a comprensión real.

“Un impostor eficaz, que imita sentimientos, pero carece de conciencia”, definió Martín Romero a la inteligencia artificial.
La frase no busca negar la oportunidad tecnológica. Al contrario, señala el mecanismo que conviene entender antes de entregar decisiones delicadas a un sistema automático. La IA puede generar recomendaciones útiles, ordenar datos dispersos y advertir señales que un equipo humano podría tardar más tiempo en detectar.
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La analogía puede pensarse con un coche moderno. El vehículo tiene sensores, cámaras y alertas que detectan un obstáculo o avisan que otro automóvil se acerca demasiado. Ese cableado ayuda a evitar errores y acelera la reacción.

Pero el tablero no sabe adónde conviene ir ni quién debe responder si ocurre un accidente. Solo muestra información y activa avisos según las reglas con las que fue construido. El conductor observa el clima, interpreta una calle bloqueada, evalúa a los pasajeros y toma una decisión.
En una operación militar, la IA puede funcionar de forma parecida. Puede revisar imágenes, comunicaciones o movimientos para encontrar un patrón relevante. También puede ofrecer una respuesta inmediata ante una gran cantidad de datos. No obstante, esa velocidad no le da conciencia del contexto ni responsabilidad sobre el resultado.
Martín Romero cuestionó la idea de que estos sistemas avancen por sí solos o razonen de forma completamente autónoma. Su capacidad nace del entrenamiento previo, de los datos disponibles y de las instrucciones humanas. Si esas bases contienen errores, ausencias o sesgos, la recomendación final también puede arrastrarlos.
También te puede interesar:El CEO de Klarna usa un avatar de IA para presentar resultados financierosLa diferencia es importante porque las herramientas ya son más accesibles. La inteligencia artificial dejó de estar reservada a grandes potencias tecnológicas o laboratorios con presupuestos extraordinarios. Gobiernos, empresas y actores con menos recursos pueden incorporar sistemas capaces de acelerar análisis.
La velocidad como nuevo engranaje de defensa
Según el experto, la rapidez de actuación del adversario condicionará cada vez más el ritmo del combate. Las Fuerzas Armadas deberán conocer tecnologías similares a las que pueden usar sus potenciales oponentes y elegir con cuidado a sus socios tecnológicos.
Allí aparece otro interruptor: modernizarse no significa delegar sin revisión. Significa usar la máquina para ampliar la capacidad de observación, mientras los mandos conservan el juicio estratégico, es decir, la evaluación humana de riesgos, valores y consecuencias.
La IA puede detectar una señal antes que una persona, pero no puede medir por sí sola el costo moral de actuar. Esa tarea sigue vinculada a quienes comprenden el terreno, conocen las normas y deben responder por una orden.
La clave, entonces, no está en frenar la tecnología ni en atribuirle facultades inexistentes. Está en colocarla en el lugar correcto: como un tablero rápido y útil, pero nunca como el conductor que decide el rumbo.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.










