¿Confiarías en quien decide cómo se construye una herramienta capaz de afectar tu empleo, tus datos y hasta lo que ves en pantalla? Para muchos jóvenes estadounidenses, la respuesta ya no depende de la inteligencia artificial, sino de las personas que sostienen el interruptor.
Un hallazgo de la encuesta elaborada por CNBC’s Generation Labs, recogida por Futurism, revela una desconfianza profunda hacia varios de los directivos más visibles de la IA. El estudio consultó a más de 1.000 personas de Estados Unidos de entre 18 y 34 años.
Mark Zuckerberg concentra un 71% de desconfianza para actuar responsablemente con esta tecnología. Elon Musk alcanza el 70% y Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, el 69%. La pieza clave del rechazo no parece ser solo la máquina: también es quién mueve sus engranajes.
Alex Karp, director ejecutivo de Palantir, recibe la peor valoración. El 81% afirma no confiar en él. Peter Thiel queda detrás, con un 79%, una cifra que muestra que el cableado de la confianza entre jóvenes y líderes tecnológicos está muy deteriorado.
También te puede interesar:¿Debe la IA Liderar la Defensa Global? Controvertida Respuesta de Alex Karp, el Jefe de PalantirSatya Nadella, consejero delegado de Microsoft, obtiene el resultado más favorable del grupo. Sin embargo, solo el 35% declara confiar en él. Incluso el dirigente mejor posicionado no consigue una mayoría que respalde sus decisiones sobre IA.
La tecnología como una casa con llaves ajenas
La inteligencia artificial puede entenderse como una casa nueva: tiene luces más rápidas, puertas automáticas y electrodomésticos capaces de aprender rutinas. Pero la pregunta central no es únicamente si la casa funciona, sino quién conserva las llaves, instala los cables y decide qué habitaciones quedan abiertas.
Los jóvenes parecen aceptar la utilidad de la casa, pero desconfían de quienes manejan el tablero eléctrico. De hecho, los encuestados valoran mejor a la propia IA —e incluso a los centros de datos— que a algunos de los ejecutivos que lideran su expansión.
Los centros de datos, instalaciones que aportan potencia informática, son el motor silencioso de los sistemas de IA. Allí trabajan miles de servidores, equipos que procesan información, como si fueran una enorme sala de máquinas detrás de cada respuesta de un chatbot o una imagen creada por ordenador.
Sin embargo, el 60% considera que las empresas tecnológicas deberían reducir el ritmo de construcción de esos centros. La inquietud no apunta solo a la infraestructura. También refleja una demanda de control sobre el tamaño, la velocidad y las consecuencias de ese crecimiento.
El empleo, la privacidad y una oportunidad de control
El dato laboral ayuda a explicar el mecanismo de esta desconfianza. El 45% de los jóvenes cree que la IA perjudicará su carrera profesional. Casi uno de cada dos mira esta tecnología no como una ayuda inmediata, sino como una posible competencia dentro de la oficina.
Sam Altman reconoció que exageró algunas de sus previsiones sobre el impacto de la IA en el trabajo. Esa rectificación ilustra un problema mayor: cuando las promesas cambian con rapidez, resulta más difícil para el público calcular qué parte del futuro debe preparar hoy.
Además, el 40% de los participantes cree que el Gobierno de Estados Unidos debería regular la IA. La regulación, es decir, reglas públicas para limitar riesgos, aparece como un interruptor externo: una forma de impedir que las empresas decidan solas cómo se conectan los cables.
Hace una década, compañías como Google o Apple eran vistas por muchos jóvenes como destinos laborales atractivos. Ahora pesan más las dudas sobre privacidad, el deterioro de algunas plataformas y su impacto sobre la democracia.
La oportunidad para la industria no pasa solo por fabricar sistemas más potentes. Pasa por demostrar que la casa digital puede tener puertas seguras, reglas claras y llaves compartidas con quienes vivirán dentro de ella.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.









