¿Cuántas veces una foto se arruina porque alguien se mueve, porque el pulso tiembla o porque el momento ocurre justo fuera del encuadre? Honor quiere que el teléfono deje de ser una cámara inmóvil y se convierta en un pequeño operador que mira, escucha y reacciona.

Ese es el hallazgo detrás del Honor Robot Phone, un móvil prémium que esconde un brazo robótico plegable con cámara y estabilizador. El dispositivo, mostrado primero como concepto, ya se presenta como producto comercial dentro del Alpha Plan de la compañía.

Honor Robot Phone, un móvil prémium que esconde un brazo robótico plegable con cámara y estabilizador.

La pieza clave no es solo su cámara de 200 megapíxeles, sino Agentic OS, la plataforma de inteligencia artificial de Honor desarrollada con Alibaba y basada en modelos Qwen. A diferencia de un chatbot, este agente puede interpretar una orden amplia y completar varios pasos mediante aplicaciones.

Por ejemplo, el teléfono puede ubicar el sonido y seguir el movimiento cuando el brazo está activo. También responde a gestos de las manos y puede asentir o negar con un movimiento físico, una función que acerca la inteligencia digital al entorno real.

Un trípode diminuto dentro del teléfono

La mejor forma de entender el mecanismo es imaginar una lámpara de escritorio articulada. Su base permanece estable sobre la mesa, pero el brazo puede girar para iluminar justo el libro, la receta o la tarea que importa. El Honor Robot Phone aplica esa lógica a su cámara.

El brazo robótico funciona como un trípode que cabe en el bolsillo y corrige su posición sin que el usuario tenga que perseguir la escena. Integra un gimbal de tres ejes, un estabilizador que compensa movimientos en distintas direcciones, para mantener la lente orientada hacia el sujeto.

El brazo robótico funciona como un trípode que cabe en el bolsillo y corrige su posición sin que el usuario persiga la escena.

Además, Honor incorpora límites de protección en los motores. El usuario puede plegar el mecanismo y retirar los permisos necesarios para usar el dispositivo como un smartphone convencional. Ese interruptor físico y digital resulta central: la automatización no debería quitar el control a quien lleva el teléfono.

El equipo mide 151,43 milímetros de alto con el gimbal recogido, pero alcanza 190,49 milímetros al desplegarlo. Pesa 248 gramos, una cifra elevada frente a otros móviles, aunque incluye una batería de silicio-carbono, una tecnología que guarda más energía en menos espacio, de 7.060 mAh.

Esta batería admite carga rápida por cable de 120 W y carga inalámbrica de 50 W. Es una combinación pensada para un equipo que no solo toma fotos: también mueve motores, procesa imagen y mantiene activa una IA capaz de percibir lo que ocurre alrededor.

Una cámara para grabar con más margen

El sistema trasero suma una cámara principal de 200 megapíxeles, un teleobjetivo periscópico, una lente que usa espejos para acercar objetos lejanos, también de 200 megapíxeles, y un ultra gran angular de 50 megapíxeles con modo macro desde 2,5 centímetros.

Honor se alió con ARRI, fabricante de equipamiento cinematográfico, para llevar herramientas de cine al móvil. El formato LogC3, una grabación que conserva más detalle en luces y sombras, permite editar el color con mayor flexibilidad. También puede grabar vídeo en 4K con ambas cámaras.

Una cámara para grabar con más margen

La pantalla OLED LTPO, un panel que ajusta su refresco para ahorrar energía, mide 6,31 pulgadas y adapta su velocidad entre 1 y 120 Hz. Su brillo máximo llega a 6.800 nits, una medida de intensidad lumínica, para mejorar la visibilidad bajo el sol.

Por ahora, Honor no reveló el precio ni la fecha concreta de venta. Tampoco llegará inicialmente a España. Sin embargo, el Robot Phone revela una oportunidad: que la IA deje de ser una voz dentro de una aplicación y se convierta en un engranaje visible, útil y controlable en la vida diaria.

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