Casi la mitad de los proyectos de inteligencia artificial corporativa que se están firmando hoy van a irse directamente a la basura. No lo digo yo, lo dicen los analistas, y es el motivo exacto por el que OpenAI acaba de sacar de la manga Presence, su movimiento comercial más agresivo y atípico hasta la fecha.
Y es que la compañía de Sam Altman se ha cansado de venderte únicamente acceso a su API para que te busques la vida peleando con integraciones imposibles. Ahora quieren enviarte a sus propios ingenieros para montarte el despliegue desde cero. Un giro de guion total.
Si analizamos el contexto, la realidad de la industria asusta. Gartner advirtió recientemente que más del 40 % de las iniciativas de IA agentiva morirán antes de 2027. El motivo es una mezcla explosiva de mala gobernanza, expectativas infladas, falta de valor claro y nula disciplina operativa en las empresas.
OpenAI Presence cambia el software por la consultoría a medida
Para frenar esta sangría de fracasos, la firma anunció un formato que rompe frontalmente con la idea de la IA como un producto autoservicio. Presence no es algo que puedas activar online metiendo una tarjeta de crédito, sino un servicio ultra gestionado, cerrado y de disponibilidad muy limitada.
En la práctica, la estrategia implica que OpenAI te cede a un equipo de élite que ellos denominan Forward Deployed Engineers. Estos perfiles técnicos propios, apoyados por integradores globales seleccionados, se sientan con tu plantilla para atacar tareas muy específicas y aburridas, pero inmensamente rentables. Hablamos de automatizar disputas de facturación, cribar solicitudes de soporte IT o gestionar reclamaciones de seguros complejas.

Básicamente, asumen que un agente corporativo no está listo para producción solo por haberle metido un pipeline de RAG y mil documentos en PDF. Requiere un proceso estructurado brutal.
La propia documentación de la plataforma detalla un método paranoico de seis fases antes de tocar un entorno de producción real. Esto incluye definición de objetivos duros, auditorías de seguridad, simulaciones en caja de arena, pruebas en la sombra, un despliegue gradual y la iteración posterior. Nada de improvisar.
Lo más interesante a nivel de ingeniería es cómo usan Codex para analizar sesiones reales en vivo. La IA mastica el historial de interacciones del bot y propone mejoras continuas en los flujos de trabajo, pero estas sugerencias siempre deben ser validadas por el equipo humano del cliente antes de compilarse. Control absoluto.
La letra pequeña: Cuellos de botella y precios fantasma
Pero claro, meter a tus propios ingenieros a picar código y configurar permisos dentro de la red de cada cliente tiene un techo de cristal evidente. La escalabilidad es el gran problema de este lanzamiento.
A fin de cuentas, la capacidad de entrega y las horas de trabajo humano se convierten en el factor decisivo, limitando el volumen de corporaciones que pueden adoptar Presence a corto plazo. Es un modelo con dinámicas de consultoría tradicional, donde la tecnología avanza mucho más rápido que las manos disponibles para instalarla.

A ello se le suma una evidente falta de transparencia comercial. El precio de Presence no es público y se define de forma opaca y a medida para cada empresa. Además, la doble función de OpenAI como creador del modelo LLM y, a la vez, como implementador directo del sistema, abre un melón legal enorme sobre las responsabilidades contractuales si el agente alucina o comete un error grave.
Si miramos los casos de éxito, los datos presentados todavía hay que cogerlos con pinzas. OpenAI saca pecho afirmando que su propio agente telefónico de soporte resolvió el 75 % de las consultas sin tocar a un humano, reduciendo las transferencias a operadores en 15 puntos porcentuales en solo diez días. Cifras espectaculares, sin duda. Sin embargo, nadie externo ha auditado aún estas métricas operativas.
El futuro de la IA empresarial en el punto de mira
Evidentemente, el interés de los gigantes financieros y de telecomunicaciones no se ha hecho esperar. Corporaciones de la talla de BBVA, SoftBank e IAG ya están probando Presence. Eso sí, lo hacen en fases muy tempranas como socios de diseño, sin tener nada volcado a gran escala en producción definitiva.

Es muy probable que los dolores de cabeza sobre cómo integrar estos agentes, manejar la latencia en voz y gestionar el pánico interno de las plantillas copen las agendas tecnológicas durante todo el año. De hecho, este choque entre la IA teórica y la realidad de las trincheras corporativas será el plato fuerte en citas imprescindibles como la IA y Big Data Expo y los paneles técnicos de TechEx.
Toda esta revolución agentiva y sus implicaciones en la protección del dato se analizarán a fondo en la Expo de Ciberseguridad y Nube. Si diriges un departamento de innovación y buscas más información para no dilapidar tu presupuesto, apoyarte en redes profesionales como TechForge Media o revisar los próximos congresos aquí te ahorrará más de un disgusto de integración.
La pelota está ahora en el tejado de OpenAI y su nuevo ejército de ingenieros de despliegue. Han entendido por las malas que la IA corporativa ya no va de quién diseña el modelo con más parámetros, sino de quién se mancha las manos integrándolo sin destrozar la operativa del cliente. Tocará esperar para ver si este costoso servicio vip evita el colapso generalizado que todos los analistas pronostican.

Me dedico al SEO y la monetización con proyectos propios desde 2019. Un friki de las nuevas tecnologías desde que tengo uso de razón.
Estoy loco por la Inteligencia Artificial y la automatización.







