Un relevamiento de la BBC revela que la semana laboral de cuatro días, defendida por empresas como OpenAI, Anthropic y Meta, todavía parece lejana para muchos de sus propios empleados. El hallazgo expone jornadas extensas, fines de semana ocupados y cambios repentinos de función para sostener la carrera por liderar la IA.

Hace cuatro años, un director de ingeniería de Google pronosticó que los avances permitirían trabajar cuatro días por semana en 2025. A comienzos de este año, OpenAI también animó a otras compañías a probar ese modelo sin recortar salarios, bajo la idea de que la IA puede agilizar el trabajo humano.

Un antiguo empleado técnico de OpenAI aseguró que esa semana reducida a 4 días, nunca existió dentro de la empresa

Sin embargo, un antiguo empleado técnico de OpenAI aseguró que esa semana reducida nunca existió dentro de la empresa. Según su testimonio, trabajaba cerca de 70 horas semanales, entre reuniones de crisis, evaluaciones de rendimiento severas y tareas durante sábados o domingos.

La pieza clave está en una expectativa que funciona como un interruptor: si la IA hace más en menos tiempo, las empresas pueden elegir devolver ese tiempo a las personas o pedir todavía más resultados. En muchas áreas tecnológicas, la segunda opción parece imponerse.

La IA como una cinta transportadora que no se detiene

Cuanto más rápido procesa la máquina, más trabajo se espera que entre por la puerta. Así, la automatización no siempre reduce la jornada. Puede elevar la vara, acortar los plazos y convertir una mejora de productividad en una exigencia permanente.

Anthropic señaló que Claude, su chatbot, puede trabajar de forma autónoma durante siete horas seguidas. Es decir, puede completar procesos sin intervención continua. A la vez, Dario Amodei, consejero delegado de la empresa, advirtió que ese aumento de productividad también podría reducir más puestos de trabajo.

La automatización eleva la vara, acorta los plazos y convierte una mejora de productividad en una exigencia permanente

Mark Zuckerberg defendió una lógica parecida al señalar que la IA permite que menos empleados realicen tareas que antes requerían equipos más grandes. Meta ya eliminó uno de cada diez puestos, mientras impulsa proyectos para automatizar ingeniería de software y medir si los modelos pueden reproducir tareas humanas.

El engranaje más intenso aparece durante los sprints (periodos previos a un lanzamiento). Son semanas de desarrollo acelerado en las que los equipos intentan corregir fallas, probar funciones y entregar un producto a tiempo. En OpenAI y Anthropic, algunos testimonios describen más de 90 horas trabajadas en siete días.

En Meta, empleados actuales y antiguos también reportaron reasignaciones abruptas hacia equipos de IA urgentes. Algunos llamaron a esa práctica “reclutamiento forzoso”, porque rechazar el nuevo puesto podía implicar renunciar a la empresa.

La diferencia legal añade otra capa al problema. Estados Unidos no fija un límite nacional de horas para trabajadores mayores de 16 años. En el Reino Unido y Europa, en cambio, la jornada semanal, incluidas las horas extra, tiene un tope de 48 horas.

La oportunidad, entonces, no depende solo del cableado de una herramienta más potente. Depende de quién controla su interruptor. La IA podría liberar tiempo, pero primero las empresas deberán decidir si ese tiempo vuelve a la vida cotidiana de sus trabajadores o alimenta una cinta que nunca se apaga.

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