¿Publicarías una foto de un atardecer si supieras que, detrás de ese cielo naranja, alguien puede descubrir la ciudad donde estás? La imagen parece un recuerdo inocente. Sin embargo, puede convertirse en una pieza clave para construir una estafa creíble.
Un estudio reciente de la empresa de ciberseguridad McAfee, recogido por The Guardian, revela que la inteligencia artificial puede geolocalizar fotografías turísticas, es decir, deducir dónde fueron tomadas, incluso cuando no tienen etiqueta de ubicación ni metadatos (datos ocultos del archivo).
El hallazgo preocupa porque las herramientas generativas ya no necesitan una postal con un monumento famoso para orientarse. Una calle común, una terraza o una playa sin nombre pueden contener el cableado visual suficiente para que un sistema encuentre el lugar.
McAfee analizó 21.000 fotografías tomadas durante viajes y publicadas en redes sociales. Para ello empleó dos modelos de IA de acceso libre, programas entrenados para reconocer patrones en imágenes: uno acertó la ubicación en el 91% de los casos y el otro llegó al 87%.
La diferencia está en los detalles que una persona suele pasar por alto.
El mecanismo detrás de una foto aparentemente neutra
La IA funciona como alguien que entra en una casa y, sin ver la dirección, intenta descubrir dónde vive su dueño. No necesita encontrar una carta sobre la mesa. Le bastan el tipo de enchufe, el pavimento de la entrada, las plantas del jardín o el cartel de un comercio cercano.
Cada elemento pequeño actúa como una pista dentro de un rompecabezas. La señalización comercial, la vegetación, las marcas viales, los colores de los edificios y hasta el diseño de una vereda pueden activar ese engranaje. El sistema cruza esas señales con información que ya aprendió durante su entrenamiento.
Así, una fotografía tomada frente a un restaurante, sin rótulos claros y sin una panorámica amplia, puede revelar más de lo que parece. La clave no está en una única señal evidente, sino en la suma de muchas piezas mínimas.
Ese mecanismo abre una oportunidad para los ciberdelincuentes. Con una ubicación aproximada, pueden preparar phishing (fraude que suplanta a una empresa) con mensajes mucho más personalizados que los correos genéricos de siempre.
Por ejemplo, una persona que acaba de volver de viaje podría recibir un SMS que advierte sobre un supuesto error en el pago de su hotel. También podría llegar un correo falso del banco que mencione un movimiento reciente en la zona visitada.
La cercanía con la realidad baja la guardia. Un mensaje que nombra un lugar, una cena o un alojamiento reciente parece menos sospechoso, aunque el enlace esconda una trampa para robar datos bancarios o contraseñas.
Medidas simples para cerrar esa puerta
La recomendación principal es esperar para publicar las fotos de vacaciones hasta que el viaje haya terminado. No elimina todos los riesgos, pero evita que la información llegue a manos ajenas cuando la persona todavía está fuera de casa o en un sitio identificable.
También conviene limitar la visibilidad de las publicaciones a amigos y familiares cercanos. Revisar quién puede ver las historias y los álbumes es un interruptor sencillo que reduce la exposición, especialmente en perfiles abiertos.
- No abrir enlaces de SMS o correos no solicitados que exijan una verificación urgente.
- Desconfiar de avisos que usan datos reales del viaje para generar presión.
- Contactar al banco, hotel o comercio mediante sus canales oficiales antes de responder.
La inteligencia artificial puede ser útil, pero también amplifica la capacidad de quien busca engañar. En este escenario, una pausa antes de publicar puede ser tan importante como cerrar la puerta de casa antes de salir.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.








