¿A quién le hablas cuando nadie contesta rápido, cuando la cabeza se llena de ruido y el teléfono parece la única puerta abierta? Para una parte creciente de los españoles, esa conversación ya no empieza con un amigo ni con un terapeuta, sino con una inteligencia artificial.
Eso es lo que revela un informe de EAE Business School y Planeta Formación y Universidades-Nex·ia sobre la economía de la soledad y la salud mental. El hallazgo central es claro: la IA generativa, pensada primero como herramienta productiva, se está convirtiendo en un recurso de apoyo emocional.

España aparece como la pieza clave de ese cambio. Según el estudio, es el país europeo donde más se usa la IA generativa con fines de acompañamiento emocional, con un 61% frente al 52% de media en Europa, un dato que también circuló en @larazon_es.
Además, el mecanismo ya se nota con fuerza entre los jóvenes. El 34,9% de las personas de 25 a 34 años usa estas herramientas para informarse sobre salud mental, mientras que el 18% de las adolescentes y el 12% de los jóvenes las emplean para hablar o contarles sus problemas.
Esa es la lógica de la llamada computación afectiva (tecnología que detecta emociones). Su engranaje central no consiste solo en generar texto, sino en interpretar el tono, la urgencia o la tristeza del usuario para devolver una respuesta que parezca cercana, ordenada y disponible.
Un mercado que crece donde falta compañía

El informe subraya que esta oportunidad tecnológica nace sobre un vacío muy concreto. La soledad no deseada afecta al 13,4% de la población española y ya tiene un coste anual de 14.141 millones de euros, equivalentes al 1,17% del PIB.
De esa cifra, 6.101 millones corresponden a gastos sanitarios y 8.039 millones a pérdidas de productividad. No es solo una cuestión íntima. Es una pieza central que impacta en el trabajo, el consumo y la salud pública.
Por eso también crece la tecnología afectiva. Este mercado, centrado en sistemas capaces de interpretar emociones humanas, podría superar los 388.000 millones de dólares antes de 2030, según recoge el estudio.
Al mismo tiempo, el paisaje social está cambiando. En 2039 podría haber 7,7 millones de hogares unipersonales en España, el 33,5% del total, y vivir solo implicaría una “tasa de soledad” de unos 7.078 euros extra al año por no poder compartir gastos.
La clave práctica y el riesgo silencioso

En ese contexto, la IA conversacional gana terreno como apoyo rápido, barato y disponible a cualquier hora. Para alguien con ansiedad, insomnio o sensación de aislamiento, puede ordenar ideas, ofrecer información básica y actuar como primera válvula de desahogo.
Pero el estudio advierte sobre varios riesgos. Entre ellos, la dependencia emocional, la sustitución de vínculos humanos y la tendencia a confiar demasiado en una máquina diseñada para responder siempre.
La Generación Z ya muestra esa tensión. El 38,5% prefiere pedir comida a domicilio antes que salir de noche, una señal de consumo individualizado que convive con hiperconectividad, burnout y soledad digital.
La clave, entonces, no está en apagar esta nueva herramienta, sino en saber dónde colocarla.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.











