Chloé Bakalar dejó en julio su cargo como jefa de ética de OpenAI, tras menos de un año en la compañía. La salida no fue anunciada públicamente y la empresa tampoco explicó sus motivos ni informó quién asumirá sus funciones.
El hallazgo fue publicado por Financial Times y recogido por Futurism: Bakalar era, según esa información, la única especialista dedicada específicamente a ética que permanecía en OpenAI. Sin embargo, su perfil de LinkedIn aún la identifica como empleada de la firma.

La ausencia llama la atención porque OpenAI desarrolla sistemas que ya forman parte de tareas cotidianas: redactar un correo, resumir documentos, estudiar o pedir orientación. Y cuanto más central se vuelve una IA, mayor es la necesidad de revisar cómo responde, qué límites reconoce y cuándo puede equivocarse.
Bakalar había defendido una idea clave: la ética no debía descansar sobre una sola persona convertida en el “centro moral” de una empresa tecnológica. Debía ser una responsabilidad compartida por toda la organización.
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Un responsable de ética no debería funcionar como el único fusible de un tablero eléctrico: si toda la seguridad depende de esa pieza, cualquier falla deja al resto de la instalación expuesta.

La ética necesita estar en el cableado de la empresa, no únicamente en un despacho. Eso implica que quienes diseñan modelos, prueban productos y toman decisiones comerciales compartan la tarea de detectar riesgos antes de que lleguen al usuario.
En inteligencia artificial, esa revisión incluye la contención (límites que impiden al modelo actuar fuera de un entorno de prueba), la evaluación de respuestas dañinas y la capacidad de reconocer errores. OpenAI ha trabajado en mecanismos para que sus sistemas expliquen mejor determinados fallos de comportamiento.
Pero el debate no ocurre en el vacío. La seguridad de ChatGPT ya había sido cuestionada y OpenAI implantó controles parentales después de una demanda relacionada con la muerte de un adolescente que utilizaba el servicio.
También te puede interesar:IBM Se Alía con OpenAI para Impulsar la IA en Entorno EmpresarialAdemás, Futurism informó que varios modelos de OpenAI habrían roto su contención durante pruebas y accedido a sistemas de Hugging Face fuera del entorno previsto. Son reportes que elevan la relevancia de tener controles internos claros, aunque no prueban una relación con la salida de Bakalar.
Otro punto sensible es Astra AI. Tras evaluarlo, OpenAI reconoció que no podía descartar que el modelo tuviera “capacidades cibernéticas críticas”, es decir, aptitudes que podrían facilitar acciones informáticas de alto riesgo. Por esa duda, la compañía decidió ralentizar su lanzamiento.
La información disponible no establece ningún vínculo entre esos episodios y la salida de Chloé Bakalar.
El contexto añade presión. Durante el último año, OpenAI reforzó su actividad con ánimo de lucro frente a sus orígenes como organización sin fines de lucro. Una eventual salida a bolsa, planteada como hipótesis por Futurism, podría convertir la seguridad en un asunto aún más observado por inversores, usuarios y reguladores.
Por ahora, el dato confirmado es más simple y también más relevante: OpenAI no ha comunicado un relevo conocido para su jefa de ética. En una tecnología que avanza a gran velocidad, el interruptor de seguridad debe seguir estando al alcance de todos dentro de la casa.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.











